domingo, 2 de junio de 2013

VICIOS DE DICCIÓN


Fuente: http://www.sectorlenguaje.cl/libros/expresion_escrita/Unidad19_Viciosdd.html


Los vicios de dicción son formas incorrectas de construcción o empleo de vocablos
inadecuados, que pueden dificultar la interpretación correcta de un escrito.

Consideramos como vicios del lenguaje:

1. Los Barbarismos
2. Los Solecismos
3. La Cacofonía
4. El Hiato
5. La Anfibología
6. La pobreza de Vocabulario
7. La Redundancia
8. El Vulgarismo
9. Los Vicios Gramaticales
10. Los Neologismos
11. Los Arcaísmos
12. Los Modismos
13. Las Muletillas o Bastoncillos


1.      LOS BARBARISMOS


Consiste en el empleo de palabras extranjeras cuando es innecesaria, es decir,
cuando existe una palabra en español equivalente. Sin embargo, también se presentan por la deficiente construcción de las palabras.

1.      LOS SOLECISMOS

Los solecismos consisten en la deficiente construcción gramatical de las oraciones, hecho que va en contra de la exactitud o pureza de un idioma.
1.      LA CACOFONÍA

Es el sonido desagradable que se produce por el encuentro o repetición de las mismas sílabas dentro de una oración.

2.      EL HIATO

Es el sonido desagradable que proviene del encuentro de las mismas vocales (generalmente tónicas), pertenecientes a palabras contiguas (vocal final con vocal inicial, respectivamente).


5. LA ANFIBOLOGÍA

Es aquella frase u oración que da lugar a doble interpretación.
 El equipo de Bolívar ganó a Boca Júnior en su propia cancha.
 El perro policía salió a la calle.
 El caballo del alcalde comió lechugas.
 Cuando Luis se casó con ella, ya tenía tres hijos.
 Se busca un cuarto para rentar a dos señoritas solteras.
 Medias para señoras delgadas.
 Camisas para caballeros de seda.
 Me dio mucha pena sobre la perdida de tu hermana.
 Ella tiene algo de su abuelo y una cosa de su abuela.
 Mi abuelita llegó con mi tía en una ambulancia que, por cierto, se veía en muy mal estado.
 Me encontré con el médico y su hermano y le hablé de usted.


3.      POBREZA DE VOCABULARIO

Al uso constante y repetido de las mismas palabras se llama pobreza de vocabulario.


4.      LA REDUNDANCIA

Es una especie de pleonasmo vicioso. Consiste en emplear vocablos innecesarios, pues, solamente repiten ideas ya expresadas.


5.      LOS VULGARISMOS

Son errores propios del vulgo o gente poco instruida. Construcción innecesaria de las palabras o alteración de su sentido semántico.

8.      LOS VICIOS GRAMATICALES

Consiste en la mala ubicación de los signos de puntuación.

9.      LOS NEOLOGISMOS

Son palabras nuevas, producto de la evolución del idioma o adelantos científicos de una sociedad. De la misma manera, las malas traducciones efectuadas de otros idiomas, constituyen los vicios de dicción.
Sin embargo, el neologismo también corresponde al uso de nuevas palabras, producto de los adelantos científicos de nuestra época. Por ejemplo: Celular, Internet, satélite, clonación, tele cable, etc. Estas palabras son vicios de lenguaje, solamente cuando interfieren en la comprensión.

10.      LOS ARCAÍSMOS

Por la dinámica de los adelantos de la ciencia, costumbres y leyes de la naturaleza, algunas palabras son poco utilizadas por nuestra sociedad.
Ejemplos: siervos, terrateniente, latifundios, gachí, agora (ahora), cansamiento (cansancio), entonce (entonces), mesmo (mismo), nenguno (ninguno), olvidoso (olvidadizo), etc.

11.      LOS MODISMOS

Son modos de hablar propios de una lengua que suelen apartarse en algo de las reglas generales de la gramática. 

12.      LAS MULETILLAS O BASTONCILLOS

Son palabras que algunas personas utilizan para apoyarse, cuando están hablando.
En muchos casos hasta son incoherentes; sin embargo, se emplean para no dejar vacíos en los diálogos cotidianos.
Las muletillas o bastoncillos más usados en nuestro medio son: osea que, claro, te lo dije, bueno, oye, si o no, che, esteeee, ajá, sips, no es cierto, que sé yo, etc.
También corresponden a esta clasificación, los modismos regionales: en La Paz el “yaaa”; en Potosí el “í”; en el Oriente boliviano “elay”, “puej”, “digamos” etc.

domingo, 5 de mayo de 2013

Texto que puede tomarse como ejemplo de análisis cultural


La literatura oral de los pueblos originarios
Nuevo Diario - Santiago del Estero


Especial para Suplemento Cultura de Nuevo Diario / domingo, 20 de febrero de 2011


Por Rosa María Conca. Frente a los permanentes embates de aculturación sufridos y a las tendencias homogeneizantes de la globalización, la literatura oral de los pueblos originarios se muestra como vehículo de expresión de quienes no tienen voz en la cultura hegemónica dominante.

En este artículo me referiré a relatos de transmisión oral de los pueblos originarios del Gran Chaco, recogidos por un grupo de misioneros y publicados por Mercedes Silva, quien vivió más de veinte años junto con los Tobas, en Pampa del Indio, Chaco. A través de los mismos, aspiro a mostrar sus contenidos simbólicos, la cosmovisión, el mundo espiritual y ético de una cultura milenaria que lucha por sobrevivir.

En general, los relatos manifiestan la profunda espiritualidad de los pueblos originarios de esa región, la simpleza y profundidad de sus mensajes, que transmiten a través de imágenes sugerentes cargadas de humanidad, la sabiduría milenaria de los ancestros.

Respecto de la cosmovisión que se evidencia en los relatos, cabe señalar que los pueblos originarios se conciben como parte del universo, de la vida, de la naturaleza y se definen por esa pertenencia. Los Mapuches, por ejemplo, se denominan, en su lengua como “gente de la tierra”.

Relatos

En los relatos, los personajes, en su mayoría, son animales: tienen más conocimientos y mayor vinculación con las fuerzas espirituales que los seres humanos. Estos, más débiles e indefensos, necesitan la ayuda de los otros seres vivos para sobrevivir. Así, por ejemplo, en distintos relatos, Kabaré, el
Carancho, (personaje con poderes secretos), obtiene el fuego por primera vez quitándoselo a un ser poderoso y lo comparte con “la gente”  También enseña a producir y utilizar el fuego.

A veces, el hombre se identifica también con fenómenos naturales a los que intenta explicar: “Dicen que antiguamente la lluvia era un hombre, un hombre de agua que vivía en la tierra”.
… “Tokjnaj no para un momento y va de acá para allá, montado en su mula mañera, que cada tanto patea, —y esos son los truenos—. Anda envuelto hasta la cabeza en su poncho de flecos larguísimos, que son los chorros de agua cuando llueve, y cada tanto asoma los ojos entre el poncho; así se forman los relámpagos, como reflejos de su mirada terrible”.

Por otra parte, los distintos escenarios en que transcurren las acciones muestran los planos o niveles de existencia según la cosmovisión indígena: el más elevado es el cielo donde reina el frío y habitan los seres poderosos; el más profundo son las aguas. A veces, estos planos están unidos por un eje central lo que facilita la movilidad. Son muy frecuentes las transformaciones al pasar de un nivel a otro: “El águila juntó fuerza un rato y salió volando de nuevo, pero sola. Subió, subió y subió y llegó hasta el cielo. Ahí se quedó para siempre, convertida en una estrella muy brillante”.

En muchas culturas originarias, se reitera la referencia al “árbol cósmico”, “puente entre el cielo y la tierra”, símbolo del misterio de la vida. En los relatos del ciclo arcaico, la avaricia y la falta de solidaridad entre las personas destruyó el árbol y por el hueco que dejó al desaparecer, sólo los hombres con poderes especiales pueden subir al cielo a buscar el alma robada de algún enfermo.

Cabe señalar que los relatos de los orígenes tienen carácter sagrado. Al ser repetidos en ritos, ceremonias de iniciación, generan conductas y contribuyen a un determinado ordenamiento social. Los personajes míticos realizan acciones simbólicas que deben ser interpretadas y sirven de guía en la formación de nuevas generaciones. La intención de enseñar se ve enriquecida en estos relatos, por la fantasía y la intención poética:

“Los Mocoví creían en un árbol, que en su idioma llamaban Nalliagdiguá, de altura tan desmedida que llegaba desde la tierra al cielo. Por él, de rama en rama, ganando siempre mayor elevación, subían ellos a pescar de un río y lagunas muy grandes que abundaban de pescado regaladísimo. Pero un día en que una vieja no pudo pescar cosa alguna y los pescadores le negaron el socorro de una limosna para su mantenimiento, se irritó tanto contra la nación Mocoví que, transfigurada en gusano, tomó el ejercicio de roer el árbol y no desistió hasta derribarlo en tierra, con increíble sentimiento y daño irreparable de toda la nación Mocoví”

Estos relatos antiguos promueven el compartir, la solidaridad, como valores fundamentales para la vida en comunidad. Por eso, la desatención y abandono de los más débiles son conductas que originan privaciones y daños irreparables por lo que son severamente castigadas.

En cuanto a las formas literarias, las narraciones presentan frecuentes diálogos lo que confiere dinamismo a  las acciones. Muchas de ellas podrían ser representadas. Las enseñanzas van, a veces, salpicadas de humor, ironía, recursos que facilitan la aceptación de contenidos de gran tensión. Por ejemplo, dos piojitos en un mosquitero “conversaban y jugueteaban” en representación de sus dueños, para despistar a la Bruja.

Mitos

En “Los hijos del Tatú”, mito fundante de la cultura Qom, los niños protagonistas están perdidos. Aparece la “ayuda sobrenatural” bajo la forma de una palomita que les adelanta lo que iba a ocurrir y les indica cómo debían proceder: la anciana (ser espiritual que representa el mal) debía ser destruida, así como todo lo que se desprendía de ella como negativo (víboras pequeñitas en su seno). Sin embargo, debían recibir y desarrollar lo positivo (perros chiquitos en otro seno).
Finalmente, y después de distintas peripecias, “todos se quedaron en el cielo convertidos en una constelación”.

Se destacan en este relato, distintos símbolos polivalentes. Se podría interpretar que el sufrido pueblo Qom, en la búsqueda del ideal (el Padre), debe realizar distintos aprendizajes, superar muchos obstáculos, para acceder a un nivel más alto de realización.

La “ayuda sobrenatural” se presenta, pues, bajo la forma de un mensajero, un ser bondadoso que aporta esperanza en la búsqueda de soluciones. Se trata, a veces, de seres aparentemente insignificantes (como una mosca, una paloma o un perro sarnoso), pero que recompensan las buenas acciones y contribuyen a la superación de los obstáculos. Por ejemplo, el perro sarnoso, rechazado por todos, ayuda al matrimonio que lo recogió indicándole cuál era la mejor leña para conservar el fuego y enfrentar las tinieblas. La sabiduría toba alerta sobre las  consecuencias de los propios actos: las buenas acciones generan situaciones positivas y las personas negativas, egoístas e individualistas encuentran sólo “tinieblas”. Sólo el fuego de las buenas acciones disipa las tinieblas. En la memoria colectiva de los pueblos indígenas, las catástrofes o grandes sufrimientos se asociaban con ciertas conductas humanas que provocaban la ira de fuerzas incontrolables. La inseguridad, el temor de que volvieran a repetirse originaban los tabúes que señalaban lo prohibido, lo vedado en la comunidad.

La mujer que no cumplía con los mandatos ancestrales establecidos se transformaba en Nsoxoi, “bruja caníbal”.

“La hija de la bruja”

El relato “La hija de la bruja” muestra, sin embargo, que la hija puede resolver su vida a partir de decisiones personales, evadiendo el mandato familiar. De este modo, después de superar fuertes obstáculos, accede a la formación de una familia feliz.
No sólo los tabúes inspirados en el temor a fuerzas incontrolables regulan las conductas. A veces, éstas son modeladas por la intervención de un poder benéfico que “pone límites” a las conductas negativas y las reencauza en la convivencia armónica de la comunidad. Tal es el caso presentado por el relato “El pájaro carpintero”. El suegro (el Sr. Siete Estrellas), castiga el orgullo y agresividad de su yerno (el Carpintero), lo persigue “desde las estrellas hasta el fondo del agua” y coloca una raya sobre su lomo. Carpintero aprende la lección por eso la mediación de su esposa logra su liberación.

De cualquier modo, para que todos recuerden lo ocurrido en el futuro, Carpintero conserva “el lomo blanco en señal de su castigo”.

En el “ciclo histórico”, los relatos muestran cómo los indígenas ya no sólo actúan por influencia de poderes sobrenaturales benéficos o maléficos, sino también por imitación de nuevas prácticas observadas en los extranjeros como por ejemplo, la doma de caballos. Sin embargo, en “El origen de la tormenta”, el  relato alerta sobre las consecuencias de esta nueva etapa: el protagonista (el zorro), termina despedazado por el caballo.

Este relato que podríamos ubicar en los comienzos del siglo XVII, plantea simbólicamente, la situación de injusticia que viven los indígenas por parte del patrón (encomendero) y de otros hermanos que al protagonista a buscar nuevos horizontes con “la ayuda” del águila, símbolo del conocimiento y la sabiduría. Esta, finalmente, pasa a formar parte del cielo como estrella y el protagonista se transforma en tormenta expresando quizás la libre conmoción de las fuerzas cósmicas contra los atropellos terrenales.

En  “La Mordedura del Hombre”, del mismo ciclo, la comunidad está representada por distintos tipos de víboras: cascabel, lampalagua, culebras, etc. El único hombre mencionado muerde a la víbora y le ocasiona la muerte. El relato sugiere dos mundos enfrentados que no pueden coexistir pacíficamente. La invasión extranjera, cuantitativamente menos importante, somete, destruye,  por la superioridad de sus armas mortales. Respecto de los héroes míticos mencionamos anteriormente, el Kañagayí, Canagachí o Chiiquí. El carancho: héroe de la cultura Qom, representa el modelo a imitar que despierta admiración. El Guayapa lachigí o Huaxayagá cachiguí, “el zorro sagaz”, refleja al común de los mortales, con sus ambigüedades y contradicciones. El héroe de la cultura wichí: Tokjuaj, que cambió el mundo y lo hizo como es ahora, se presenta como: divertido, cambiante, inteligente y poderoso.

Cuentos de identidad

Consideración especial merecen las narraciones que más directamente se refieren a la identidad de los pueblos originarios. El relato Guaycurú “El zorro sagaz quiere volar” presenta a un zorro que cree ser pájaro porque se había pegado  algunas plumas para poder volar. Lógicamente cae y se hace pedazos. El relato apunta a la necesidad de fortalecer la identidad individual y de la comunidad.

El relato wichí “El gato que abrió los ojos” se refiere a distintos animales: gato, burro, gallo, pato, etc. que estaban domesticados. Al enterarse de que iban a ser sacrificados, se rebelan, aprenden en conjunto cómo sobrevivir y finalmente optan por recuperar su verdadera identidad que tiene que ver con la libertad: “El cordero se transformó en corzuela y se metió en el monte… El burro se hizo anta… El gallo se volvió pavo del monte… El pato, un pato de los del agua… y el gato,… gato montés”. Narrado por Santos Aparicio de la provincia de Salta en 1905, este relato cierra el libro como una profecía, da cuenta del  crecimiento de la comunidad indígena a través de la profundización de la organización y conciencia de sus derechos y marca, en consecuencia, la esperanza de un futuro mejor. En síntesis, los relatos de los pueblos originarios del Gran Chaco, transmitidos oralmente de generación en generación, expresan la voz de un pueblo que ya no siente vergüenza por su raza y su cultura, se transforman en portadores de fuertes pautas éticas y culturales y, frente al peligro de disolución que plantea la globalización, aportan a la construcción permanente de la identidad del pueblo argentino.

Rosa María Conca. Licenciada en Letras. Docente de la Facultad de Humanidades
(UNSE).

PARA PENSAR Y ANALIZAR:

1 - ¿Qué mecanismos de vinculación con el entorno o contexto se denotan en los relatos?

2 - ¿Con que objetivo se construían este tipo de relatos? ¿Podrían establecer algún tipo de relación con hábitos o costumbres de la vida actual? ¿Cuáles? ¿A qué creen que se debe?.

3 - ¿Cómo describirían el modo de concebir la sabiduría y el valor otorgado al conocimiento? ¿Se aplicaba de modo implícito a un determinado rol dentro de la estructura social?.

4 – En función de los relatos a los que puede acceder hoy en día, ¿a cuál/es valores o virtudes se le daba más importancia? ¿Es posible, en función de estos, interpretar como concebían la idea de LIBERTAD?

Lecturas complementarias para el trabajo de investigación



EL RESCATE DE LA PALABRA

Fuente: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/tesis/te.746/te.746.pdf


Ninguna nación puede, hoy en día, considerarse moderna si no asume un discurso político intercultural normativo, más allá de las múltiples interpretaciones o realidades posibles en materia de diseño de políticas públicas en la vida social. La escuela no puede pretender homogenizar ni continuar negando las variedades lingüísticas, culturales o identitarias de los actores sociales que circulan en ella (estudiantes, docentes, familias)

Este esfuerzo, se visualiza como un proceso de larga duración que requiere tomar múltiples decisiones sobre temas poco estudiados o aún desconocidos que son fundamentales para el diseño curricular, como las prácticas sociales del lenguaje en culturas de tradición indígena, las formas tradicionales de transmisión de conocimiento, el concepto de educación mismo en dichas culturas, las formas de interacción social, la problemática en torno a la relación entre oralidad y escritura, la formación e identidad de los docentes indígenas, entre muchos otros aspectos importantes a considerar para determinar y evaluar la selección y el tratamiento de contenidos curriculares que retomen la lógica cultural y las particularidades de las lenguas de los pueblos indígenas.

El primer eslabón en este proceso de transformación se da en el paso que va de la práctica a la teoría, es decir de lo pre-construido a lo construido. Entonces el saber científico es el saber por enseñar que aparece en los textos pedagógicos, convirtiéndose en el saber enseñado a través de la práctica pedagógica de los maestros (Quinteros; Álvarez, 2011). En los relatos de tradición oral indígena el objeto de saber proviene de saberes sociales pre-construidos pertenecientes a una cosmovisión diferente a la de la cultura dominante de los actuales estados nacionales.

Dicho conocimiento es sometido a una serie de transformaciones para convertirse en un objeto a ser enseñado, como por ejemplo, su trascripción a un lenguaje escrito y/o muchas veces su traducción a una lengua distinta. En un segundo momento, tales textos son retomados por distintos maestros quienes los comunican en el espacio escolar a través de narraciones orales o lecturas bajo distintas modalidades. En ese momento tales textos se convierten en objetos enseñados. Ante  la propia dinámica de la tradición oral imprime transformaciones constantes a los textos que circulan en las comunidades; de hecho no existe una versión original de estos textos, sino múltiples versiones en distintos formatos, algunos más formales y otros más informales

La cultura se transmite mediante lenguajes
La transmisión del bagaje cultural se hace en su mayor parte oralmente, incluyendo gestos, movimientos y sentimientos. Los documentos escritos, sean en la pared, en papel o digitalizados, son producto de la reflexión personal o social que se crea mediante las palabras y los gestos. De ahí radica el fundamento del avance cultural y de la socialización; aunque la transferencia es lenta su anclaje duradero. Las ideas que se manejaban a finales del siglo XIX, producto de los cambios sociales y tecnológicos, calaron en la sociedad durante el siglo XX, convirtiéndose en movimientos políticos, filosofías, organizaciones, gobiernos y revoluciones. Muchos de los pensamientos, que ya se habían depositado en la conciencia colectiva, fueron reprimidos por las dictaduras y los movimientos reaccionarios o fascistas del siglo XX; sin embargo quedaron presentes en la conciencia colectiva de la sociedad, también de la andaluza durante muchos años hasta aflorar paulatinamente con la llegada de las libertades. Al ser elementos que en muchos casos han perdido las referencias históricas, sociales, estéticas…es difícil regenerarlos en su prístina pureza, por lo que se suele dar el caso de mistificarlos, de extrapolarlos, de importarlos de aquellos lugares en los que se conservaron mejor. La solución está en investigarlos aún más, en buscar sus fuentes, en recrearlos con técnica y serenidad para que conserven su autenticidad, su valor primitivo y autóctono, en conjunción con los cambios realizados en la sociedad que los hace resurgir.

 Importancia de la transmisión oral
La importancia de recurrir a la tradición oral radica en que es un elemento básico y referencial al mismo tiempo, la vuelta a los ancestros, el orden, la ley…la dialéctica entre lo nuevo y las raíces… determinan una forma de ver la realidad en cada momento, se adecuan a las formas, filosofías y maneras de pensar de cada tiempo y son, de alguna forma, los cronistas que nos permiten conocer y entender cómo han ocurrido los hechos.
Las sociedades y los grupos humanos están en una permanente dialéctica entre el cambio, necesario para la supervivencia, y la reserva de las tradiciones como elemento de referencia. La importancia y relevancia que la tradición oral ha tenido para la conformación de toda cultura y la transmisión de pautas de conducta hace imprescindible su tratamiento para la conformación de un sistema social.
La creatividad, la afectividad, la mezcla enriquecedora de sensaciones, técnicas y pensamientos, favorecen el aprendizaje. Es importante utilizar el bagaje y patrimonio cultural, en beneficio de una mayor profundidad en el aprendizaje, sin olvidar la metodología creativa en que se sustenta.
La mayoría de las obras literarias de la antigüedad, han sido posibles gracias al cúmulo de información que se transmite de unas a otras generaciones. Muchas de los textos actuales son posibles gracias a la transmisión oral.

Recrear la cultura
En la antigüedad, nuestros antepasados, escribían poco y con grandes dificultades, y las posibilidades de recurrir a la lectura eran exiguas o nulas. Esto sirvió de base para la creación de formas de expresión orales y gestuales, y para la formación y el enriquecimiento del idioma.
Sin la tradición oral no se hubiera efectuado la transmisión de conocimientos y por ende la utilización de los instrumentos, las tradiciones, las advertencias y consejos, los usos, las leyes y las costumbres, claves para la supervivencia de la especie humana.
La riqueza cultural es posible así mismo por la gama de matices relacionales, que permitan a su vez ganar en solidez étnica, a partir de la importancia en rehabilitar lo que se ha perdido u olvidado, rehacer los cauces de diálogo, restablecer las fiestas y costumbres, recrear los valores propios, construirse como región…

PARA PENSAR ACERCA DEL CULTURA QUE ESTAN INVESTIGANDO…
1 - ¿Qué normas o pautas sociales practicaban? ¿Qué valor le otorgaban a la organización social?.
2 - ¿Cuáles eran los roles más relevantes dentro de la estructura social? ¿A partir de que mecanismos se otorgaba el status a cada uno de los mismos?
3 - ¿Cómo podrían describir el valor que le otorgaban a las nociones  PASADO, al PRESENTE y al FUTURO, en relación a su posible nivel de incidencia sobre los actos cotidianos?.
4 - ¿Cuáles eran los mecanismos que utilizaban para la transmisión de su cultura? ¿Se aplicaban a los miembros de la misma comunidad o contemplaban la posibilidad de transmitirla a las generaciones futuras?¿Y a otras comunidades?.
5 - ¿Qué mecanismos llevaban adelante para la educación de los niños y jóvenes? ¿Quién tenía asignado esa tarea?.

Un universo que nunca se termina de descubrir en su totalidad


PUNTOS BASICOS ACERCA DE LA RETORICA

Para dominar el arte de la retórica son necesarias muchas horas de entrenamiento. Un buen jefe debería construir su discurso oral en torno a las siguientes diez reglas de oro:
1. Repita lo ya repetido
Las repeticiones aumentan la probabilidad de que el contenido central del mensaje termine fijándose en el oyente.
2. Haga comparaciones
Con esto, los directivos refuerzan la claridad y eficacia del mensaje transmitido.
3. Evoque imágenes
Un buen discurso debe estar plagado de imágenes para conectar así mejor con el auditorio. Las imágenes, además, aumentan el nivel de recuerdo del mensaje.
4. Cuente historias
Un jefe con buenas dotes de comunicación oral debe contar historias, historias que hablen de su empresa.
5. Utilice los contrastes
Estos promueven la claridad del mensaje: victoria o derrota, arriba o abajo. La confrontación de ideas opuestas se dibuja mejor en la mente de un auditorio.
6. Apóyese en las cifras
Un número es un dato claro y preciso y refuerza la credibilidad del mensaje y del orador.
7. Pregunte y dirija
Preguntar es, en primer lugar, dirigir, ya que quien pregunta correctamente dirige. Y en segundo lugar, preguntar es investigar.
8. Use adjetivos comparativos
Un jefe con buena capacidad de oratoria es similar a un dramaturgo. Y, como tal, hace buen uso de los adjetivos comparativos para darle energía al discurso.
9. Conciba nuevos universos retóricos
Para la creación de nuevos universos retóricos es condición sine qua non tener la voluntad de comunicar algo.
10. Gane conocimientos
Saber es poder. Y la oratoria también es poder. Por este motivo, un discurso cimentado en conocimientos sólidos hace más poderoso al que lo comunica.
FUENTE: fortunaweb.com.ar

Lengua - Lenguaje - Habla: Un mundo inmenso por descubrir


Las diferentes entre lenguaje, lengua y habla son muy importantes a la hora de adentrarnos en el estudio del lenguaje y de la lingüística. Vamos a intentar dar unas definiciones básicas que nos permitan discernir unos conceptos de otros.

Podemos entender el lenguaje como la capacidad de poder establecer comunicación mediante signos, ya sean orales o escritos. De esta manera, el lenguaje presenta muchísimas manifestaciones distintas en las diversas comunidades que existen en nuestro planeta. Estas manifestaciones son lo que conocemos por lenguas o idiomas, como el español, el inglés, el francés o el alemán. No sería correcto hablar, por tanto, de “lenguaje español” o de “lenguaje francés”. Es importante saber emplear los términos con la precisión que merecen.

Por otro lado, la lengua es, como hemos dicho, un sistema de signos que los hablantes aprenden y retienen en su memoria. Es un código, que conoce cada hablante, y que utiliza cada vez que lo necesita (que suele ser muy a menudo). Este código es muy importante para el normal desarrollo de la comunicación entre las personas, pues el hecho de que todos los hablantes de una lengua lo conozcan es lo que hace que se puedan comunicar entre sí.

Y, entonces ¿qué es el habla? Es la plasmación de lo anterior, la recreación de ese modelo que conoce toda la comunidad lingüística. Es un acto singular, por el cual una persona, de forma individual y voluntaria, cifra un mensaje concreto, eligiendo para ello el código, los signos y las reglas que necesita. Dicho de otra manera, es el acto por el cual el hablante, ya sea a través de la fonación (emisión de sonidos) o de la escritura, utiliza la lengua para establecer un acto de comunicación.

Entre la lengua y el habla se establece una especie de estrato intermedio que los lingüistas entienden como norma. La norma es lo que nos impide emplear algunas formas lingüísticas que, ateniéndonos a la lógica de la lengua, podrían ser correctas. Ocurre cuando un niño dice “ande”, en lugar de “anduve”, de la misma manera que diría jugué, miré o canté. Este tipo de normas tiene origen histórico y, así consideradas, no constituyen ninguna irregularidad. La norma impone desvíos en determinados aspectos de la lengua que todos aceptamos, pero el hablante no tiene por qué conocerlos en un principio y por eso es tan común que, entre los que están aprendiendo, surjan este tipo de errores.

La lengua como sistema de signos

Entendemos por sistema un “conjunto de cosas que dependen unas de otras”, simplemente. La concepción tradicional del lenguaje era atomista, y pensaba que el número de signos del lenguaje estaba indefinidamente abierto: podían aparecer unos y desaparecer otros, sin que eso afectara a la lengua como tal. A lo sumo, y porque los mismos hechos imponían la evidencia, se describían como pequeños subsistemas las formas verbales, ciertas series de pronombres, como los personales, los posesivos y los demostrativos, bien organizados, con un número fijo de formas que no puede alterarse. Pero no se caía en la cuenta de que todas las zonas de la lengua estaban igualmente estructuradas en subsistemas que, juntos, constituían un sistema total. Y así, al llegar a hablar de los pronombres indefinidos, por ejemplo, las gramáticas enumeraban unas cuantas formas –algo, alguien, cualquiera, alguno…- y añadían un “etcétera”, como si se tratara de una clase abierta de palabras sin límites precisos.

He aquí la genialidad de Ferdinand Saussure, que consistió en señalar que toda la lengua constituye un sistema –es decir, un conjunto de signos relacionados entre sí-, y que los signos son interdependientes. Presentó su idea de un modo intuitivo: los elementos lingüísticos mantienen un equilibrio parecido al que guardan las piezas del ajedrez en un momento de una partida –esto es, en una “sincronía”-. Si se cambia el lugar de una pieza, este equilibrio se altera y se pasa a un sistema totalmente diferente. Así pues, podemos enunciarlo de la siguiente manera: “cada movimiento diacrónico da origen a una sincronía nueva, en la que el conjunto de las piezas que componen el sistema mantienen un equilibro interdependiente, pero distinto del que guardaban en el estado anterior.

La interrelación sistemática que existe entre todos los elementos de la lengua se produce por el hecho de que cada uno de ellos posee un valor que los opone a los demás signos. Así, por ejemplo, la calificación de notable sólo tiene sentido por su situación en el subsistema léxico de las calificaciones, que la agrupa entre aprobado y sobresaliente. El “valor” de cada signo no es, pues, algo que resida en sí mismo, sino en lo que lo opone a los demás, y así lo diferencia. El sistema lingüístico queda estructurado merced a las oposiciones que mantienen los signos entre sí.

Los Signos
Cuando queremos analizar los elementos que intervienen en el acto comunicativo, solemos definir el código como el conjunto de signos y reglas de combinación que nos permiten construir nuestros mensajes.

Pero si hemos de comprender profundamente los entresijos de la comunicación, no podemos dejar de lado lo que la semiótica nos enseña. Y la semiótica, en efecto, se ha ocupado largamente de lidiar con estos problemas, de forma que si queremos buscar una definición de signo que nos sea útil, lo mejor que podemos hacer es acudir a ella. La semiótica define el signo como cualquier elemento portador de significado; tanto el olor a tierra mojada como una nube de humo, el ruido producido por una ambulancia con la sirena encendida, el grito de una persona al decir “fuego”, etcétera. Todo ello son signos que, por nuestro conocimiento tanto de la lengua como de los diferentes contextos comunicativos, somos capaces de entender.

Podemos distinguir además entre tres tipos de signos, atendiendo a la relación que se establece entre el signo y su significado:

*      El indicio es un tipo de signo que se base en el establecimiento de una relación natural de causa-efecto entre dos fenómenos determinados. Por ejemplo, ver una nube de humo o escuchar un coche de bomberos, nos inducen a pensar que se ha producido un incendio. La nube y el ruido son, pues, indicios de incendio.

*      El icono en cambio se caracteriza por la relación de semejanza que establece entre el signo y la realidad que éste representa. Por ejemplo, el mapa de una ciudad es un icono porque reproduce, con mayor o menor precisión, la realidad que intenta representar. Lo mismo ocurriría con el retrato de una persona, o con el dibujo de un paisaje.

*      El símbolo aparece cuando la relación entre el signo y la realidad representada es arbitraria, es decir, no existe una relación natural entre una cosa y la otra. De forma que si entendemos lo que con el símbolo quiere decirse es sólo porque existe un acuerdo, entre los miembros de una determinada comunidad, para entenderlo así. Las banderas de los países representan a los mismos solamente porque queremos que sea así, porque lo hemos acordado. Sabemos que una cruz roja sobre un edificio indica que allí se dispensan cuidados médicos, o que si en mitad de una batalla un contendiente saca a ondear la bandera blanca es porque quiere rendirse. Pero lo sabemos porque lo hemos aprendido; no porque esas imágenes porten esos significados de forma natural.

Formación del concepto de cultura

Origen del término

Desde la antigüedad, se pueden encontrar metáforas que relacionan la práctica de algunas actividades con el «cultivo» del espíritu humano, y las facultades sensibles e intelectuales del individuo –por ejemplo, con el «cultivo» de la tierra, que es la agricultura, el cultivo fue el principio de la modalidad cultural. En esta acepción se conserva aún en el lenguaje cotidiano, cuando se identifica cultura con sensibilidad. De esta suerte, una persona «culta» es aquella que posee extensos conocimientos en los más variados «campos» del saber.

Concepción clásica de la cultura

El término cultura proviene del latín cultus que a su vez deriva de la voz colere que significa cuidado del campo o del ganado. Hacia el siglo XIII, el término se empleaba para designar una parcela cultivada, y tres siglos más tarde había cambiado su sentido como estado de una cosa, al de la acción: el cultivo de la tierra o el cuidado del ganado (Cuche, 1999: 10), aproximadamente en el sentido en que se emplea en el español de nuestros días en vocablos como agricultura, apicultura, piscicultura y otros. Por la mitad del siglo XVI, el término adquiere una connotación metafórica, como el cultivo de cualquier facultad. De cualquier manera, la acepción figurativa de cultura no se extenderá hasta el siglo XVII, cuando también aparece en ciertos textos académicos.
El Siglo de las Luces (siglo XVIII) es la época en que el sentido figurado del término como "cultivo del espíritu" se impone en amplios campos académicos. Por ejemplo, el Dictionnaire de l'Academie Française de 1718. Y aunque la Enciclopedia lo incluye sólo en su sentido restringido de cultivo de tierras, no desconoce el sentido figurado, que aparece en los artículos dedicados a la literatura, la pintura, la filosofía y las ciencias. Al paso del tiempo, como cultura se entenderá la formación de la mente. Es decir, se convierte nuevamente en una palabra que designa un estado, aunque en esta ocasión es el estado de la mente humana, y no el estado de las parcelas.

La clásica oposición entre cultura y naturaleza también tiene sus raíces en esta época. En 1798, el Dictionnaire incluye una acepción de cultura en que se estigmatiza el "espíritu natural". Para muchos de los pensadores de la época, como Jean Jacques Rousseau, la cultura es un fenómeno distintivo de los seres humanos, que los coloca en una posición diferente a la del resto de animales. La cultura es el conjunto de los conocimientos y saberes acumulados por la humanidad a lo largo de sus milenios de historia. En tanto una característica universal, el vocablo se emplea en número singular, puesto que se encuentra en todas las sociedades sin distinción de etnias, ubicación geográfica o momento histórico.

Cultura y civilización

También es en el contexto de la Ilustración cuando surge otra de las clásicas oposiciones en que se involucra a la cultura, esta vez, como sinónimo de la civilización. Esta palabra aparece por primera vez en la lengua francesa del siglo XVIII, y con ella se significaba la refinación de las costumbres. Civilización es un término relacionado con la idea de progreso. Según esto, la civilización es un estado de la Humanidad en el cual la ignorancia ha sido abatida y las costumbres y relaciones sociales se hallan en su más elevada expresión. La civilización no es un proceso terminado, es constante, e implica el perfeccionamiento progresivo de las leyes, las formas de gobierno, el conocimiento. Como la cultura, también es un proceso universal que incluye a todos los pueblos, incluso a los más atrasados en la línea de la evolución social. Desde luego, los parámetros con los que se medía si una sociedad era más civilizada o más salvaje eran los de su propia sociedad. En los albores del siglo XIX, ambos términos, cultura y civilización eran empleados casi de modo indistinto, sobre todo en francés e inglés (Thompson, 2002: 186).

Es necesario señalar que no todos los intelectuales franceses emplearon el término. Rousseau y Voltaire se mostraron reticentes a esta concepción progresista de la historia. Intentaron proponer una versión más relativista de la historia, aunque sin éxito, pues la corriente dominante era la de los progresistas. No fue en Francia, sino en Alemania donde las posturas relativistas ganaron mayor prestigio. El término Kultur en sentido figurado aparece en Alemania hacia el siglo XVII -aproximadamente con la misma connotación que en francés. Para el siglo XVIII goza de gran prestigio entre los pensadores burgueses alemanes. Esto se debió a que fue empleado para denostar a los aristócratas, a los que acusaban de tratar de imitar las maneras "civilizadas" de la corte francesa. Por ejemplo, Immanuel Kant apuntaba que "nos cultivamos por medio del arte y de la ciencia, nos civilizamos [al adquirir] buenos modales y refinamientos sociales" (Thompson, 2002: 187). Por lo tanto, en Alemania el término civilización fue equiparado con los valores cortesanos, calificados de superficiales y pretenciosos. En sentido contrario, la cultura se identificó con los valores profundos y originales de la burguesía (Cuche, 1999:13).
En el proceso de crítica social, el acento en la dicotomía cultura/civilización se traslada de las diferencias entre estratos sociales a las diferencias nacionales. Mientras Francia era el escenario de una de las revoluciones burguesas más importantes de la historia, Alemania estaba fragmentada en múltiples Estados. Por ello, una de las tareas que se habían propuesto los pensadores alemanes era la unificación política. La unidad nacional pasaba también por la reivindicación de las especificidades nacionales, que el universalismo de los pensadores franceses pretendía borrar en nombre de la civilización. Ya en 1774, Johann Gottfried Herder proclamaba que el genio de cada pueblo (Volksgeist) se inclinaba siempre por la diversidad cultural, la riqueza humana y en contra del universalismo. Por ello, el orgullo nacional radicaba en la cultura, a través de la que cada pueblo debía cumplir un destino específico. La cultura, como la entendía Herder, era la expresión de la humanidad diversa, y no excluía la posibilidad de comunicación entre los pueblos.
Durante el siglo XIX, en Alemania el término cultura evoluciona bajo la influencia del nacionalismo.[1] Mientras tanto, en Francia, el concepto se amplió para incluir no sólo el desarrollo intelectual del individuo, sino el de la humanidad en su conjunto. De aquí, el sentido francés de la palabra presenta una continuidad con el de civilización: no obstante la influencia alemana, persiste la idea de que más allá de las diferencias entre "cultura alemana" y "cultura francesa" (por poner un ejemplo), hay algo que las unifica a todas: la cultura humana.[2]

Definiciones de cultura en las disciplinas sociales

Para efecto de las ciencias sociales, las primeras acepciones de cultura fueron construidas a finales del siglo XIX. Por esta época, la sociología y la antropología eran disciplinas relativamente nuevas, y la pauta en el debate sobre el tema que aquí nos ocupa la llevaba la filosofía. Los primeros sociólogos, como Émile Durkheim, rechazaban el uso del término. Hay que recordar que en su perspectiva, la ciencia de la sociedad debía abordar problemas relacionados con la estructura social.[3] Si bien es opinión generalizada que Carlos Marx dejó de lado a la cultura, ello se ve refutado por las mismas obras del autor, sosteniendo que las relaciones sociales de producción (la organización que adoptan los seres humanos para el trabajo y la distribución social de sus frutos) constituyen la base de la superestructura jurídico-política e ideológica, pero en ningún caso un aspecto secundario de la sociedad. No es concebible una relación social de producción sin reglas de conducta, sin discursos de legitimación, sin prácticas de poder, sin costumbres y hábitos permanentes de comportamiento, sin objetos valorados tanto por la clase dominante como por la clase dominada. El desvelo de las obras juveniles de Marx, tanto de La ideología alemana (1845-1846) en 1932 por la célebre edición del Instituto Marx-Engels de la URSS bajo dirección de David Riazanov, como de los Manuscritos económicos y filosóficos (1844) posibilitó que varios partidarios de sus propuestas teóricas desarrollaran una teoría de la cultura marxista (véase más adelante).
El concepto de cultura generalmente es relacionado con la antropología. Una de las ramas más importantes de esta disciplina social se encarga precisamente del estudio comparativo de la cultura. Quizá por la centralidad que la palabra tiene en la teoría de la antropología, el término ha sido desarrollado de diversas maneras, que suponen el uso de una metodología analítica basada en premisas que en ocasiones distan mucho las unas de las otras.
Los etnólogos y antropólogos británicos y estadounidenses de las postrimerías del siglo XIX retomaron el debate sobre el contenido de cultura. Estos autores tenían casi siempre una formación profesional en derecho, pero estaban particularmente interesados en el funcionamiento de las sociedades exóticas con las que Occidente se encontraba en ese momento.[4] En la opinión de estos pioneros de la etnología y la antropología social (como Bachoffen, McLennan, Maine y Morgan), la cultura es el resultado del devenir histórico de la sociedad. Pero la historia de la humanidad en estos escritores era fuertemente deudora de las teorías ilustradas de la civilización, y sobre todo, del darwinismo social de Spencer.

Definiciones descriptivas de cultura

Definición de Tylor

Como señala Thompson (2002: 190), la definición descriptiva de cultura se encontraba presente en esos primeros autores de la antropología decimonónica. El interés principal en la obra de estos autores (que abordaba problemáticas tan disímbolas como el origen de la familia y el matriarcado, y las supervivencias de culturas antiquísimas en la civilización occidental de su tiempo) era la búsqueda de los motivos que llevaban a los pueblos a comportarse de tal o cual modo. En esas exploraciones, o entre la tecnología y el resto del sistema social.
Uno de los más importantes etnógrafos de la época fue Gustav Klemm. En los diez tomos de su obra Allgemeine Cultur-Geschichte der Menschheit (1843-1852) intentó mostrar el desarrollo gradual de la humanidad por medio del análisis de la tecnología, costumbres, arte, herramientas, prácticas religiosas. Una obra monumental, pues incluía ejemplos etnográficos de pueblos de todo el mundo. El trabajo de Klemm habría de tener eco en sus contemporáneos, empeñados en definir el campo de una disciplina científica que estaba naciendo. Unos veinte años más tarde, en 1871, Edward B. Tylor publicó en Primitive Culture una de las definiciones más ampliamente aceptadas de cultura. Según Tylor, la cultura es:
...aquel todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres, y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre. La situación de la cultura en las diversas sociedades de la especie humana, en la medida en que puede ser investigada según principios generales, es un objeto apto para el estudio de las leyes del pensamiento y la acción del hombre.
(Tylor, 1995: 29)
De esta suerte, una de las principales aportaciones de Tylor fue la elevación de la cultura como materia de estudio sistemático. A pesar de este notable avance conceptual, la propuesta de Tylor adolecía de dos grandes debilidades. Por un lado, sacó del concepto su énfasis humanista al convertir a la cultura en objeto de ciencia. Por el otro, su procedimiento analítico era demasiado descriptivo. En el texto citado arriba, Tylor plantea que "un primer paso para el estudio de la civilización[5] consiste en diseccionarla en detalles, y clasificar éstos en los grupos adecuados" (Tylor, 1995:33). Según esta premisa, la mera recopilación de los "detalles" permitiría el conocimiento de una cultura. Una vez conocida, sería posible clasificarla en una graduación de más a menos civilizada, premisa que heredó de los darwinistas sociales.

Definición de los culturalistas

La propuesta teórica de Tylor fue retomada y reelaborada posteriormente, tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos. En este último país, la antropología evolucionaba hacia una posición relativista, representada en primera instancia por Franz Boas. Esta posición representaba un rompimiento con las ideas anteriores sobre la evolución cultural, en especial las propuestas por los autores británicos y el estadounidense Lewis Henry Morgan. Para éste último, contra quien Boas dirigió sus críticas en uno de sus pocos textos teóricos, el proceso de la evolución social humana (tecnología, relaciones sociales y cultura) podía ser equiparado con el proceso de crecimiento de un individuo de la especie. Por lo tanto, Morgan comparaba el salvajismo con la "infancia de la especie humana", y la civilización, con la madurez.[6] Boas fue sumamente duro con las propuestas de Morgan y el resto de los antropólogos evolucionistas contemporáneos. A lo que sus autores llamaban "teorías" sobre la evolución de la sociedad, Boas las calificó de "puras conjeturas" sobre el ordenamiento histórico de "fenómenos observados conforme a principios admitidos [de antemano]" (1964:184).
La crítica de Boas en contra de los evolucionistas es un eco de la perspectiva de los filósofos alemanes como Herder y Wilhelm Dilthey. El núcleo de la propuesta radica en su inclinación a considerar la cultura como un fenómeno plural. En otras palabras, más que hablar de cultura, Boas hablaba de culturas. Para la mayor parte de los antropólogos y etnólogos adscritos a la escuela culturalista estadounidense, el estado del arte etnográfico al principio del siglo XX no permitía la conformación de una teoría general sobre la evolución de las culturas. Por lo tanto, la labor más importante de los estudiosos del fenómeno debía ser la documentación etnográfica.[7] De hecho, Boas escribió muy pocos textos teóricos, en comparación con sus monografías sobre los pueblos indígenas de la costa pacífica de América del Norte.
Los antropólogos formados por Robin Reid hubieron de heredar muchas de las premisas de su maestro. Entre otros casos notables, están el de Ruth Benedict. En su obra Patterns of culture (1939), Benedict señala que cada cultura es un todo comprensible sólo en sus propios términos[8] y constituye una suerte de matriz que da sentido a la actuación de los individuos en una sociedad. Alfred Kroeber, retomando la oposición entre cultura y naturaleza, también señalaba que las culturas son fenómenos sui generis pero, en sentido estricto, eran de una categoría exterior a la naturaleza. Por lo tanto, según Kroeber, el estudio de las culturas debía salirse del dominio de las ciencias naturales y encarar a las primeras como lo que eran: fenómenos superorgánicos.[9] Melville Herskovits y Clyde Kluckhohn retomaron de Tylor su definición cientificista del estudio de la cultura. Para el primero, también la recolección de rasgos definitorios de las culturas permitiría su clasificación. Aunque, en este caso, la clasificación no se realizaba en sentido diacrónico, sino espacial-geográfico que habría de permitir el conocimiento de las relaciones entre los diferentes pueblos asentados en un área cultural. Kluckhonn, por su parte, resume en su texto Antropología la mayor parte de los postulados vistos en esta sección, y reclama el dominio de lo cultural como el campo específico de la actividad antropológica.

Definición funcionalista-estructural

La característica más peculiar del concepto funcionalista de cultura se refiere precisamente a la función social de la misma. El supuesto básico es que todos los elementos de una sociedad (entre los que la cultura es uno más) existen porque son necesarios. Esta perspectiva ha sido desarrollada tanto en antropología como en sociología aunque, sin duda, sus primeras características fueron delineadas involuntariamente por Émile Durkheim. Este sociólogo francés muy pocas veces empleó el término como unidad analítica principal de su disciplina. En su libro Las reglas del método sociológico (1895), plantea que la sociedad está compuesta por entidades que tienen una función específica, integradas en un sistema análogo al de los seres vivos, donde cada órgano está especializado en el cumplimiento de una función vital. Del mismo modo en que los órganos de un cuerpo son susceptibles a la enfermedad, las instituciones y costumbres, las creencias y las relaciones sociales también pueden caer en un estado de anomia. Durkheim y sus seguidores, sin embargo, no se ocupan exclusiva ni principalmente de la cultura como objeto de estudio, sino de hechos sociales. A pesar de ellos, sus propuestas analíticas fueron retomadas por autores conspicuos de la antropología social británica y la sociología de la cultura de Estados Unidos.
Más tarde, el polaco Bronislaw Malinowski retomó tanto la descripción de cultura de Tylor como algunos de los planteamientos de Durkheim relativos a la función social. Para Malinowski, la cultura podía ser entendida como una «realidad sui generis» que debía estudiarse como tal (en sus propios términos). En la categoría de cultura incluía artefactos, bienes, procesos técnicos, ideas, hábitos y valores heredados (Thompson, 2002: 193). También consideraba que la estructura social podía ser entendida análogamente a los organismos vivos pero, a diferencia de Durkheim, Malinowski tenía una tendencia más holística. Malinowski creía que todos los elementos de la cultura poseían una función que les daba sentido y hacía posible su existencia. Pero esta función no era dada únicamente por lo social, sino por la historia del grupo y el entorno geográfico, entre muchos otros elementos. El reflejo más claro de este pensamiento aplicado al análisis teórico fue el libro Los argonautas del Pacífico Occidental (1922), una extensa y detallada monografía sobre las distintas esferas de la cultura de los isleños trobriandeses, un pueblo que habitaba en las islas Trobriand, al oriente de Nueva Guinea.
Años más tarde, Alfred Reginald Radcliffe-Brown, también antropólogo británico, retomaría algunas de las propuestas de Malinowski, y muy especialmente las que se referían a la función social. Radcliffe-Brown rechazaba que el campo de análisis de la antropología fuera la cultura, más bien se encargaba del estudio de la estructura social, un entramado de relaciones entre las personas de un grupo. Sin embargo, también analizó aquellas categorías que habían sido descritas con anterioridad por Malinowski y Tylor, siguiendo siempre el principio del análisis científico de la sociedad. En su libro Estructura y función en la sociedad primitiva (1975) Radcliffe-Brown establece que la función más importante de las creencias y prácticas sociales es la del mantenimiento del orden social, el equilibrio en las relaciones y la trascendencia del grupo en el tiempo. Sus propuestas fueron retomadas más tarde por muchos de sus alumnos, especialmente por Edward Evan Evans-Pritchard etnógrafo de los nuer y los azande, pueblos del centro de África. En ambos trabajos etnográficos, la función reguladora de las creencias y prácticas sociales está presente en el análisis de esas sociedades, a la primera de las cuales, Evans-Pritchard llamó "anarquía ordenada".

Definiciones simbólicas

Los orígenes de las concepciones simbólicas de cultura se remontan a Leslie White, antropólogo estadounidense formado en la tradición culturalista de Boas. A pesar de que en su libro La ciencia de la cultura afirma, en un principio, que ésta es «el nombre de un tipo preciso o clase de fenómenos, es decir, las cosas y los sucesos que dependen del ejercicio de una habilidad mental, exclusiva de la especie humana, que hemos llamado 'simbolizante'», en el transcurso de su texto, White irá abandonando la idea de la cultura como símbolos para orientarse hacia una perspectiva ecológica.[10]

Definición estructuralista

El estructuralismo es una corriente más o menos extendida en las ciencias sociales. Sus orígenes se remontan a Ferdinand de Saussure, lingüista, quien propuso grosso modo que la lengua es un sistema de signos. Tras su conversión a la antropología (tal como la llama en Tristes trópicos), Claude Lévi-Strauss –influido por Roman Jakobson– habría de retomar este concepto para el estudio de los hechos de interés antropológico, entre los que la cultura era sólo uno más. De acuerdo con Lévi-Strauss, la cultura es básicamente un sistema de signos[11] producidos por la actividad simbólica de la mente humana (tesis que comparte con White).
En Antropología estructural (1958) Lévi-Strauss irá definiendo las relaciones que existen entre los signos y símbolos del sistema, y su función en la sociedad, sin prestar demasiada atención a este último punto. En resumen, se puede decir que en la teoría estructuralista, la cultura es un mensaje que puede ser decodificado tanto en sus contenidos, como en sus reglas. El mensaje de la cultura habla de la concepción del grupo social que la crea, habla de sus relaciones con internas y externas. En El pensamiento salvaje (2002), Lévi-Strauss apunta que todos los símbolos y signos de que está hecha la cultura son productos de la misma capacidad simbólica que poseen todas las mentes humanas. Esta capacidad, básicamente consiste en la clasificación de las cosas del mundo en grupos, a los que se atribuyen ciertas cargas semánticas. No existe grupo de símbolos o signos (campo semántico) que no tenga uno complementario. Los signos y sus significados pueden ser asociados por metáfora (como en el caso de las palabras) o metonimia (como en el caso de los emblemas de la realeza) a fenómenos significativos para el grupo creador del sistema cultural. Las asociaciones simbólicas no necesariamente son las mismas en todas las culturas. Por ejemplo, mientras en la cultura occidental, el rojo es el color del amor, en Mesoamérica es el de la muerte.
Según la propuesta estructuralista, las culturas de los pueblos "primitivos" y "civilizados" están hechas de la misma materia y, por tanto, los sistemas del conocimiento del mundo exterior dominantes en cada uno –magia en los primeros, ciencia en los segundos– no son radicalmente diferentes. Aunque son varias las distinciones que se pueden establecer entre culturas primitivas y modernas: una de las más importantes es el modo en que manipulan los elementos del sistema. En tanto que la magia improvisa, la ciencia procede sobre la base del método científico.[12] El uso del método científico no quiere decir –según Lévi-Strauss– que las culturas donde la ciencia es dominante sean superiores, o que aquellas donde la magia juega un papel fundamental sean menos rigurosas o metódicas en su manera de conocer el mundo. Simplemente, son de índole distinta unas de otras, pero la posibilidad de comprensión entre ambos tipos de culturas radica básicamente en una facultad universal del género humano.
En la perspectiva estructuralista, el papel de la historia en la conformación de la cultura de una sociedad no es tan importante. Lo fundamental es llegar a dilucidar las reglas que subyacen en la articulación de los símbolos en una cultura, y observar la manera en que éstos dotan de sentido la actuación de una sociedad. En varios textos, Lévi-Strauss y sus seguidores (como Edmund Leach) parecen insinuar, como Ruth Benedict, que la cultura es una suerte de patrón que pertenece a todo el grupo social pero no se encuentra en nadie en particular. Esta idea también fue retomada del concepto de lenguaje propuesto por Saussure.

Definición de la antropología simbólica

La antropología simbólica es una rama de las ciencias sociales cuyo desarrollo se relaciona con la crítica al estructuralismo lévi-straussiano. Uno de los principales exponentes de esta corriente es Clifford Geertz. Comparte con el estructuralismo francés la tesis de la cultura como un sistema de símbolos pero, a diferencia de Lévi-Strauss, Geertz señala que no es posible para los investigadores el conocimiento de sus contenidos:
Al creer tal como Max Weber que el hombre es un animal suspendido en tramas de significación tejidas por él mismo, considero que la cultura se compone de tales tramas, y que el análisis de ésta no es, por tanto, una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significado.
(Geertz, 1988:)
Bajo la premisa anterior, Geertz y la mayor parte de los antropólogos simbólicos ponen en duda la autoridad de la etnografía. Señalan que a lo que pueden limitarse los antropólogos es a hacer "interpretaciones plausibles" del significado de la trama simbólica que es la cultura, a partir de la descripción densa de la mayor cantidad de puntos de vista que sea posible conocer respecto a un mismo suceso. En otro sentido, los simbólicos no creen que todos los elementos de la trama cultural posean el mismo sentido para todos los miembros de una sociedad. Más bien creen que pueden ser interpretados de modos diferentes, dependiendo, ya de la posición que ocupen en la estructura social, ya de condicionamientos sociales y psíquicos anteriores, o bien, del mismo contexto.[13]

Definiciones marxistas

Tal como se señaló anteriormente, Karl Marx a pesar de la opinión generalizada, puso atención en el análisis de las cuestiones culturales, específicamente en su relación con el resto de la estructura social. Según la propuesta teórica de Marx, el dominio de lo cultural (constituido sobre todo por la ideología) es un reflejo de las relaciones sociales de producción, es decir, de la organización que adoptan los seres humanos frente a la actividad económica. La gran aportación del marxismo en el análisis de la cultura es que ésta es entendida como el producto de las relaciones de producción, como un fenómeno que no está desligado del modo de producción de una sociedad. Asimismo, la considera como uno de los medios por los cuales se reproducen las relaciones sociales de producción, que permiten la permanencia en el tiempo de las condiciones de desigualdad entre las clases.
En sus interpretaciones más simplistas, la definición de la ideología en Marx ha dado lugar a una tendencia a explicar las creencias y el comportamiento social en función de las relaciones que se establecen entre quienes dominan el sistema económico y sus subalternos. Sin embargo, son muchas las posturas donde la relación entre la base económica y la superestructura cultural es analizada en enfoques más amplios. Por ejemplo, Antonio Gramsci llama la atención a la hegemonía, un proceso por medio del cual, un grupo dominante se legitima ante los dominados, y estos terminan por ver natural y asumir como deseable la dominación. Louis Althusser propuso que el ámbito de la ideología (el principal componente de la cultura) es un reflejo de los intereses de la élite, y que a través de los aparatos ideológicos del Estado se reproducen en el tiempo.
Así mismo, Michel Foucault –en el conocido debate de noviembre de 1971 en Holanda con Noam Chomsky– respondiendo la pregunta de que si la sociedad capitalista era democrática, además de contestar negativamente –argumentando que una sociedad democrática se basa en el efectivo ejercicio del poder por una población que no esté dividida u ordenada jerárquicamente en clases– sostiene que, de manera general, todos los sistemas de enseñanza –los cuales aparecen simplemente como transmisores de conocimientos aparentemente neutrales–, están hechos para mantener a cierta clase social en el poder, y excluir de los instrumentos de poder a otras clases sociales.

Definición neoevolucionista o ecofuncionalista

Si bien el estudio de la cultura nació como una inquietud por el cambio de las sociedades a lo largo del tiempo, el desprestigio en el que cayeron los primeros autores de la antropología fue un terreno fértil para que arraigaran en la reflexión sobre la cultura las concepciones ahistóricas. Salvo los marxistas, interesados en el proceso revolucionario hacia el socialismo, el resto de las disciplinas sociales no prestaron mayor atención al problema de la evolución cultural.
Para introducir las definiciones neoevolucionistas de cultura, es necesario recordar que los evolucionistas sociales de finales del siglo XIX (representados, entre otros, por Tylor), pensaban que las sociedades "primitivas" de su época eran residuos de antiguas formas culturales, por las que necesariamente habría pasado la civilización de Occidente antes de llegar a ser lo que era en ese momento. Como se indicó antes, Boas y sus discípulos echaron por tierra estos argumentos, señalando que nada probaba la veracidad de estas suposiciones. Sin embargo, en Estados Unidos, hacia la década de 1940 tuvo lugar un nuevo viraje del enfoque temporal de la antropología. Éste nuevo rumbo es el neoevolucionista, interesado entre otras cosas, por el cambio socio-cultural y las relaciones entre cultura y medio ambiente.

White y Steward

Según el neoevolucionismo, la cultura es el producto de las relaciones históricas entre un grupo humano y su medio ambiente. De esta manera se pueden resumir las definiciones de cultura propuestas por Leslie White (1992) y Julian Steward (1992), quienes encabezaron la corriente neoevolucionista en su nacimiento.[14] El énfasis de la nueva corriente antropológica se movió del funcionamiento de la cultura a su carácter dinámico. Este cambio de paradigma representa una clara oposición al funcionalismo estructuralista, interesado en el funcionamiento actual de la sociedad; y el culturalismo, que aplazaba el análisis histórico para un momento en que los datos etnográficos lo permitieran.
Tanto Steward como White concuerdan en que la cultura es sólo uno de los ámbitos de la vida social. Para White, la cultura no es un fenómeno que deba entenderse en sus propios términos, como proponían los culturalistas. El aprovechamiento energético es el motor de las transformaciones culturales: estimula la transformación de la tecnología disponible, tendiendo siempre a mejorar. Así, la cultura está determinada por la forma en la que el grupo humano aprovecha su entorno. Este aprovechamiento se traduce a su vez en energía. El desarrollo de la cultura de un grupo es proporcional la cantidad de energía que la tecnología disponible le permite aprovechar. La tecnología determina las relaciones sociales y esencialmente la división del trabajo como una prístina forma de organización. A su vez, la estructura social y la división del trabajo se reflejan en el sistema de creencias del grupo, que formula conceptos que le permiten comprender el entorno que le rodea. Una modificación en la tecnología y la cantidad de energía aprovechada se traduce, por tanto, en modificaciones en todo el conjunto.
Steward, por su parte, retomaba de Kroeber la concepción de la cultura como un hecho que se encontraba por encima y fuera de la naturaleza. Sin embargo, Steward sostenía que había un diálogo entre ambos dominios. Opinaba que la cultura es un fenómeno o capacidad del ser humano que le permite adaptarse a su medio biológico. Uno de los principales conceptos en su obra es el de evolución. Steward planteaba que la cultura sigue un proceso de evolución multilineal (es decir, no todas las culturas pasan de un estado salvaje a la barbarie, y de ahí a la civilización), y que este proceso se basa en el desarrollo de tipos culturales derivados de las adaptaciones culturales al medio físico de una sociedad. Steward introduce en las ciencias sociales el término de ecología, señalando con él: el análisis de las relaciones existentes entre todos los organismos que comparten un mismo nicho ecológico.

Evolución cultural

Había por lo menos una gran distancia conceptual entre la propuesta de White y de Steward. El primero se inclinaba por el estudio de la cultura como fenómeno total, en tanto que el segundo se mantenía más proclive al relativismo. Por ello, entre las limitaciones que tuvieron que superar sus sucesores estuvo la de concatenar ambas posturas, para unificar la teoría de los estudios de la ecología cultural. De esta suerte, Marshall Sahlins propuso que la evolución cultural sigue dos direcciones. Por un lado, crea diversidad "a través de una modificación de adaptación: las nuevas formas se diferencian de las viejas. Por otra parte, la evolución genera progreso: las formas superiores surgen de las inferiores y las sobrepasan".[15]
La idea de que la cultura se transforma siguiendo dos líneas simultáneas fue desarrollada por Darcy Ribeiro, que introdujo el concepto de proceso civilizatorio[16] para comprender las transformaciones de la cultura.
Con el tiempo, el neoevolucionismo sirvió como una de las principales bisagras entre las ciencias sociales y las ciencias naturales, especialmente coma puente con la biología y la ecología. De hecho, su propia vocación como enfoque holístico le ha convertido en una de las corrientes más interdisciplinarias de las disciplinas que estudian la humanidad. A partir de la década de 1960, la ecología entró en una relación muy estrecha con los estudios culturales de corte evolutivo. Los biólogos habían descubierto que los seres humanos no son los únicos animales que poseen cultura: se habían encontrado indicios de ella entre algunos insectos, pero especialmente entre los primates. Roy Rappaport introdujo en la discusión de lo social la idea de que la cultura forma parte de la misma biología del ser humano, y que la evolución misma del ser humano se debe a la presencia de la cultura. Señalaba que:
...superorgánica o no, se debe tener presente que la cultura en sí pertenece a la naturaleza. Emergió en el curso de la evolución mediante procesos de selección natural diferentes sólo en parte de aquellos que produjeron los tentáculos del pulpo […] Aunque la cultura está altamente desarrollada en los seres humanos, estudios etológicos recientes han indicado alguna capacidad simbólica entre otros animales. […] Aunque las culturas pueden imponerse a los sistemas ecológicos, hay límites para esas imposiciones, ya que las culturas y sus componentes están sujetos a su vez a procesos selectivos.
(Rappaport, 1998: 273-274)
Los nuevos descubrimientos en la etología (ciencia que estudia el comportamiento de los animales) animaron a muchos biólogos a intervenir en el debate sociológico de la cultura. Algunos de ellos buscaban establecer relaciones entre la cultura humana y las formas primitivas de cultura observadas, por ejemplo, entre los macacos de Japón. Uno de los ejemplos más conocidos es el de Sherwood Washburn, profesor de antropología de la Universidad de California. Al frente de un equipo multidisciplinario, emprendió la tarea de buscar cuáles eran los orígenes de la cultura humana. Como primera parte de su proyecto, analizó el comportamiento social de los primates superiores. En segundo lugar, suponiendo que los bosquimanos !kung eran los últimos reductos de las formas más primitivas de cultura humana, procedió al estudio de su cultura. La tercera etapa del programa de Washburn (en el que colaboraron Richard Lee e Irven de Vore, y que se prolongó durante la primera mitad de los años sesenta) fue proceder a la comparación de los resultados de ambas investigaciones, y especuló sobre esta base acerca de la importancia de la cacería en la construcción de la sociedad y la cultura.
Esta hipótesis fue presentada en un congreso llamado Man, the Hunter, realizado en la Universidad de Chicago en 1966. Fuera porque la investigación se apoyaba en premisas sobre la evolución cultural que fueron desechadas desde los tiempos de Boas, o porque era una tesis que negaba la importancia de la mujer en la construcción de la cultura, la tesis de Washburn, Lee y De Vore no fue bien recibida.[17]
Esta definición, atiende a la característica principal de la cultura, que es una obra estrictamente de creación humana, a diferencia de los procesos que realiza la naturaleza, por ejemplo, el movimiento de la tierra, las estaciones del año, los ritos de apareamiento de las especies, las mareas e incluso la conducta de las abejas que hacen sus panales, elaboran miel, se orientan para encontrar el camino de regreso pero, que a pesar de eso, no constituyen una cultura, pues todas las abejas del mundo hacen exactamente lo mismo, de manera mecánica, y no pueden cambiar nada. Exactamente lo contrario ocurren en el caso de las obras, ideas y actos humanos, ya que estos transforman o se agregan a la naturaleza, por ejemplo, el diseño de una casa, la receta de un dulce de miel o de chocolate, la elaboración de un plano, la simple idea de las relaciones matemáticas, son cultura y sin la creación humana no existirían por obra de la naturaleza.

Marvin Harris y el materialismo cultural

Dentro del tipo de ideas introducidas por Steward, cabe señalar el materialismo cultural propugnado por Marvin Harris y otros antropólogos estadounidenses. Esta corriente puede ser asimilada a una forma de ecofuncionalismo en el que se encajan ciertas divisiones introducidas por Marx. Para el materialismo cultural, entender la evolución cultural y la configuración de las sociedades depende básicamente de condiciones materiales, tecnológicas e infraestructurales. El materialismo cultural establece una triple división entre grupos de conceptos que atiende a su relación causal. Esos grupos se llaman: infraestructura (modo de producción, tecnología, condiciones geográficas,...), estructura (modo de organización social, estructura jerárquica,...) y supraestructura (valores religiosos y morales, creaciones artísticas, leyes,...)

El concepto científico de cultura

El concepto científico de cultura hizo uso desde el principio de ideas de la teoría de la información, de la noción de “meme” introducida por Richard Dawkins, de los métodos matemáticos desarrolladas en la genética de poblaciones por autores como Luigi Luca Cavalli-Sforza y de los avances en la compresión del cerebro y del aprendizaje. Diversos antropólogos, como William Durham, y filósofos, como Daniel Dennett y Jesús Mosterín, han contribuido decisivamente al desarrollo de la concepción científica de la cultura. Mosterín define la cultura como la información transmitida por aprendizaje social entre animales de la misma especie. Como tal, se contrapone a la naturaleza, es decir, a la información transmitida genéticamente. Si los memes son las unidades o trozos elementales de información adquirida, la cultura actual de un individuo en un momento determinado sería el conjunto de los memes presentes en el cerebro de ese individuo en ese momento. A su vez, la noción vaga de cultura de un grupo social es analizada por Mosterín en varias nociones precisas distintas, definidas todas ellas en función de los memes presentes en los cerebros de los miembros del grupo.[18]

Industria cultural

Es la cultura que está, como un mercado, sujeta a las leyes de la oferta y la demanda de la economía capitalista.

Socialización de la cultura

La importante aportación de la psicología humanista de, por ejemplo, Erik Erikson con una teoría psicosocial para explicar los componentes socioculturales del desarrollo personal.
  • Cada miembro de la especie podría acceder a ella desde una fuente común, sin limitarse, ejemplo de ello: el conocimiento transmitido por los padres.
  • Debe poder ser incrementada en las ulteriores generaciones.
  • Ha de resultar universalmente compartible por todos aquellos que poseen un lenguaje racional y significativo.
Así, el ser humano tiene la facultad de enseñar al animal, desde el momento en que es capaz de entender su rudimentario aparato de gestos y sonidos, llevando a cabo nuevos actos de comunicación; pero los animales no pueden hacer algo parecido con nosotros. De ellos podemos aprender por la observación, como objetos, pero no mediante el intercambio cultural, es decir, como sujetos.

Clasificación

La cultura se clasifica, respecto a sus definiciones, de la siguiente manera:
  • Tópica: La cultura consiste en una lista de tópicos o categorías, tales como organización social, religión o economía.
  • Histórica: La cultura es la herencia social, es la manera que los seres humanos solucionan problemas de adaptación al ambiente o a la vida en común.
  • Mental: La cultura es un complejo de ideas, o los hábitos aprendidos, que inhiben impulsos y distinguen a las personas de los demás.
  • Estructural: La cultura consiste en ideas, símbolos o comportamientos, modelados o pautados e inter-relacionados.
  • Simbólica: La cultura se basa en los significados arbitrariamente asignados que son compartidos por una sociedad.
La cultura puede también ser clasificada del siguiente modo:
Según su extensión
  • Universal: cuando es tomada desde el punto de vista de una abstracción a partir de los rasgos que son comunes en las sociedades del mundo. Por ej., el saludo.
  • Total: conformada por la suma de todos los rasgos particulares a una misma sociedad.
  • Particular: igual a la subcultura; conjunto de pautas compartidas por un grupo que se integra a la cultura general y que a su vez se diferencia de ellas. Ej.: las diferentes culturas en un mismo país.
Según su desarrollo
  • Primitiva: aquella cultura que mantiene rasgos precarios de desarrollo técnico y que por ser conservadora no tiende a la innovación.
  • Civilizada: cultura que se actualiza produciendo nuevos elementos que le permitan el desarrollo a la sociedad.
  • Analfabeta o pre-alfabeta: se maneja con lenguaje oral y no ha incorporado la escritura ni siquiera parcialmente.
  • Alfabeta: cultura que ya ha incorporado el lenguaje tanto escrito como oral.
Según su carácter dominante
  • Sensista: cultura que se manifiesta exclusivamente por los sentidos y es conocida a partir de los mismos.
  • Racional: cultura donde impera la razón y es conocido a través de sus productos tangibles.
  • Ideal: se construye por la combinación de la sensista y la racional
Según su dirección
  • Posfigurativa: aquella cultura que mira al pasado para repetirlo en el presente. Cultura tomada de nuestros mayores sin variaciones. Es generacional y se da particularmente en pueblos primitivos.
  • Configurativa: la cultura cuyo modelo no es el pasado, sino la conducta de los contemporáneos. Los individuos imitan modos de comportamiento de sus pares y recrean los propios.
  • Prefigurativa: aquella cultura innovadora que se proyecta con pautas y comportamientos nuevos y que son válidos para una nueva generación y que no toman como guía el modelo de los padres a seguir pero si como referentes.

Elementos de la cultura

La cultura forma todo lo que implica transformación y seguir un modelo de vida. Los elementos de la cultura se dividen en:
  • Concretos o materiales: fiestas, alimentos, ropa (moda), arte plasmado, construcciones arquitectónicas, instrumentos de trabajo (herramientas), monumentos representativos históricos.
  • Simbólicos o espirituales: creencias (filosofía, espiritualidad/religión), valores (criterio de juicio moral y/o ética), actos humanitarios, normas y sanciones (jurídicas, morales, convencionalismos sociales), organización social y sistemas políticos, símbolos (representaciones de creencias y valores), arte (apreciación), lenguaje (un sistema de comunicación simbólica), tecnología y ciencia.
Dentro de toda cultura hay dos elementos a tener en cuenta:
  • Rasgos culturales: porción más pequeña y significativa de la cultura, que da el perfil de una sociedad. Todos los rasgos se transmiten siempre al interior del grupo y cobran fuerza para luego ser exteriorizados.
  • Complejos culturales: contienen en si los rasgos culturales en la sociedad.

Cambios culturales

Los cambios culturales: son los cambios a lo largo del tiempo de todos o algunos de los elementos culturales de una sociedad (o una parte de la misma).
  • Enculturación: es el proceso en el que el individuo se culturiza, es decir, el proceso en el que el ser humano, desde que es niño o niña, se culturiza. Este proceso es parte de la cultura, y como la cultura cambia constantemente, también lo hacen la forma y los medios con los que se culturaliza.
  • Aculturación: se da normalmente en momento de conquista o de invasión. Es normalmente de manera forzosa e impuesta, como la conquista de América, la invasión de Iraq. Ejemplos de resultados de este fenómeno: comida (potaje, pozole), huipil. El fenómeno contrario recibe el nombre de deculturación, y consiste en la pérdida de características culturales propias a causa de la incorporación de otras foráneas.
  • Transculturación: La transculturación es un fenómeno que ocurre cuando un grupo social recibe y adopta las formas culturales que provienen de otro grupo.
  • Inculturación: se da cuando la persona se integra a otras culturas las acepta y dialoga con la gente de esa determinada cultura.
La cultura esta basada en todos nosotros

Cultura en animales no homo sapiens

Algunos autores afirman que los animales de otras especies actúan por instinto y conductas no variables, por lo cual no podemos hablar de conductas culturales fuera de la especie animal homo sapiens.
Por el contrario, otros autores afirman que existen animales de otras especies que también tienen conductas culturales:
«La cultura no es un fenómeno exclusivamente humano, sino que está bien documentada en muchas especies de animales superiores no humanos. Y el criterio para decidir hasta qué punto cierta pauta de comportamiento es natural o cultural no tiene nada que ver con el nivel de complejidad o de importancia de dicha conducta, sino sólo con el modo como se trasmite la información pertinente a su ejecución. […] Los chimpancés son animales muy culturales. Aprenden a distinguir cientos de plantas y sustancias, y a conocer sus funciones alimentarias y astringentes. Así logran alimentarse y contrarrestar los efectos de los parásitos. Tienen muy poco comportamiento instintivo o congénito. No existe una 'cultura de los chimpancés' común a la especie. Cada grupo tiene sus propias tradiciones sociales, venatorias, alimentarias, sexuales, instrumentales, etc. […] La cultura es tan importante para los chimpancés, que todos los intentos de reintroducir en la selva a los chimpancés criados en cautividad fracasan lamentablemente. Los chimpancés no sobreviven. Les falta la cultura. No saben qué comer, cómo actuar, cómo interaccionar con los chimpancés silvestres, que los atacan y matan. Ni siquiera saben cómo hacer cada noche su alto nido-cama para dormir sin peligro en la copa de un árbol. Durante los cinco años que el pequeño chimpancé duerme con su madre tiene unas 2.000 oportunidades de observar cómo se hace el nido-cama. Los chimpancés hembras separados de su grupo y criados con biberón en el zoo ni siquiera saben cómo cuidar a sus propias crías, aunque lo aprenden si ven películas o vídeos de otros chimpancés criando.».

Fuente; Jose Mosterin                                “Vivan los animales”          Madrid, Edit. Debate, 1998