domingo, 2 de junio de 2013

El estilo y los diferentes tipos de oratoria

 

Evidentemente, cuando vamos a hablar en público y hemos de comunicar una serie de información a nuestros oyentes, tenemos que saber que existen múltiples estilos y formas de decir una misma cosa. La elección dependerá de factores tales como el público al que va dirigido, tamaño, objetivos que esperamos conseguir o el motivo de nuestra intervención.
  
A la hora de dirigirse a un grupo de personas, la primera idea que el directivo ha de tener clara es la siguiente: no se puede hablar en público utilizando siempre el mismo estilo.

Cuando sabemos que vamos a tener que intervenir ante un grupo de personas, inmediatamente hemos de determinar el tipo de estilo que vamos a desarrollar. No es lo mismo, por ejemplo, reunirse con la plantilla que con los accionistas de la empresa.

Cada intervención exige una serie de condiciones y características en nuestro estilo oratorio. La variedad de tipos es múltiple, ya que nos podemos presentar con un estilo cercano o lejano, formal o informal, monólogo o más participativo, serio o desenfadado... De esta forma, hay que ajustar el estilo del discurso a las características de cada ocasión.

Generalmente, es fácil determinar el tipo de estilo que debemos emplear. Por ejemplo, si se trata de un acto oficial, optaremos por un modo riguroso y formal. Por el contrario, si estamos en la inauguración de alguna sede de la empresa, elegiremos, mejor, un estilo entusiasta, informal y divertido. El objetivo principal es saber escoger el modelo de intervención oportuno y darle la mejor orientación para lograr el máximo impacto.

En aquellos casos que no terminamos de tener claro las características específicas de cómo será nuestro publico, ni cuánto, etc., es necesario hablar con los organizadores del evento para que nos ofrezcan los datos que nos faltan para elegir la orientación más adecuada.

Por supuesto, ante la duda, siempre es mejor optar por un modelo más formal y serio. Sin embargo, hay que reconocer que pequeñas dosis de humor, administradas de forma correcta, pueden combinar perfectamente con las intervenciones más formales y rígidas. Además, el humor es una verdadera herramienta para conectar y acercarse más a la audiencia.

En cualquier caso, y al margen del tema que se va a tocar, tenemos que tratar siempre de conseguir un estilo creativo, ágil, atractivo, interesante e incluso novedoso.

Otro importante consejo para conseguir un estilo oratorio efectivo es tratar de imprimir siempre la importancia de la brevedad. Lo cierto es que las audiencias siempre terminan agradeciéndolo. Sin embargo, brevedad no significa un discurso pobre o incompleto. Hace referencia a centrarse en los puntos importantes y abordarlos directamente, sin dar ningún rodeo.

Por último, en el estilo de nuestro discurso, hemos de saber exponer de manera convincente nuestras ideas. La meta es seleccionar la forma de decir las cosas y saber elegir el estilo con el que poder motivar, persuadir, convencer y entusiasmar al público. El mejor estilo, sea forma o informal, serio o divertido, es aquel que es capaz de llegar al público de forma directa y sugerente.


Por último, si hemos decidido optar por un estilo determinado, tendremos que mantenerlo y cuidar el ritmo durante toda la intervención, pues, ante todo, es necesario conservar la emoción y la atención del público. Elegir el estilo más adecuado para cada ocasión es una de las principales habilidades del buen orador.

Tipos de oratoria

Introducción.- En esta ocasión, hablaremos sobre las clases de oratoria, para dicho cometido, tendremos como base y fundamento de investigación la Enciclopedia Universal Europea Espada-Calpe, Diccionarios Jurídicos de Manuel Osorio, Cabanellas, y otros, los cuales serán nombrados en su momento.

Oratoria Política.
Por razón de la gran variedad de asuntos que comprende, es el genero que más transformaciones recibe según las épocas, el auditorio y las circunstancias, y por lo mismo la que goza de una mayor libertad de forma y la que menos puede sujetarse a reglas.
En ningún otro género ofrece el discurso oratorio caracteres tan distintivos, porque las oraciones del púlpito se acercan ya más a las composiciones poéticas, como ya hemos apreciado en anteriores casos, como Roberspierre, Lincoln, y otros; mientras que la oratoria forense pertenece a las obras científicas.
En los encarnizados combates de los partidos y en las graves cuestiones de cuya resolución dependen la dignidad o la vida de
las naciones, es donde se manifiesta con más evidencia el carácter apasionado de la oratoria política, pues nunca es más difícil, variables e inconstante el público que en las asambleas políticas.
La oratoria política exige conocimientos vastos y profundos, y más en los tiempos en que la ilustración y cultura se encuentran extendidas.
Además de un perfecto estudio de las cuestiones de política general y conocimientos técnicos en las diversas y complicadas ramas de las ciencias administrativas, debe el orador político conocer a fondo la historia, el modo de ser y sentir del pueblo a que se dirige la palabra.
La historia por tanto, cumple un factor determinante en la oratoria política, ya que el orador que fragüe planes para el porvenir, debe fundar su experiencia en la segura escuela de lo pasado.

Preparación Del Discurso.

En cuanto a su preparación, el discurso político difiere en muchos casos de todo otro linaje de discursos.
No siempre es el mejor discurso político el que se prepara con mucho tiempo en la soledad del gabinete; pues sucede con frecuencia que donde lucen con mayor brillo las cualidades del orador es en las rectificaciones, o sea en los discurso que apenas han sido objeto de preparación, verdaderas improvisaciones en que se contesta y refutan las afirmaciones del contrario.
Claro está, que nos referimos a la falta de preparación de forma, pues para conseguir el triunfo oratorio en una rectificación es preciso un profundo conocimiento del asunto y haber pasado horas enteras examinándolo desde todos los puntos de vista.

Elocución.

Varia mucho según el auditorio, pues tendrá que revestir formas templadas si se dirige a una asamblea de personas respetables, por ejemplo en el Senado; más necesitará mayor vehemencia y fogosidad si se trata de un tribuno que se dirige a masas populares.
División de la oratoria política:

La oratoria política puede dividirse a su vez en varios géneros:
a) Oratoria Parlamentaria.- es decir los discursos que se pronuncian en las Cámaras para formar y discutir leyes, y censurar o defender la conducta de los gobernantes.
b) Oratoria Popular.- Discursos dirigido al pueblo para formar o dirigir su conciencia política, ilustrándose acerca de sus derechos y encauzando sus voluntades para conseguir el completo reconocimiento de éstos; claro es que hablamos en el supuesto de tratarse de un orador honrado.

c) Oratoria Periodística.-
Esta oratoria, es agregada a esta especie, por parte de COLL y VEHÍ.
Considerando la oratoria escrita, por adoptar muchos de los artículos de los periódicos formas completamente oratorias, sobre todo los artículos de fondo que solían y suelen caracterizar a parte de la prensa española.
d) Oratoria Militar.- Discursos o arengas pronunciados por los generales o caudillos en momentos críticos para exaltar el ánimo de los soldados con palabras enérgicas, sin artificio alguno, y dejando que el corazón hable en lugar de los labios.
Por tanto diremos, que tiene por objeto animar a las tropas enardecidas al combate o felicitarles por la victoria, o también instruirlas en algún asunto, e inclusive en ocasiones contener sus ímpetus y reprenderlas.
Al respecto de pertenecer como especie de la Oratoria Política, existe muchas contradicciones, ya que se distinguen de aquellas, tanto por su finalidad, como porque las masas militares, a diferencia de los político-populares, está organizadas y dirigidas por la disciplina, cuya base es la obediencia y el respeto a los que mandan.

Cualidades del orador.

El orador militar debe reunir las cualidades especiales, además de las precisas al orador en general.
Primero debe ser verdaderamente militar, es decir tener profunda y voluntaria inclinación a la carrera de las arma, y ser denodado, entendiendo por denuedo no la temeridad, sino el valor juicioso, la intrepidez serena e ilustrada, para inspirar confianza al soldado.
Su principal estudio será la historia de la antigüedad y de su propio país, profundizando en la del arte de la guerra (si es que se puede llamar arte, lo concerniente a la guerra) y en la de los hechos militares: porque los nombres de los lugares célebres y de los héroes y el recuerdo de sus hazañas le proporcionarán imitaciones y comparaciones seductoras a las cuales puede hacerlas suyas, en su vida objetiva; pero de debiendo abusarse de estos recursos y menos de las citas.
Finalmente, deberá conocer al soldado para apreciar sus cualidades y sus necesidades y defectos, que ha de tener muy en cuenta en sus discursos, y estará presto a dar ejemplo de paciencia en las fatigas, de constancia en las privaciones y poder así imponer silencio a las quejas y ahogar a las amenazas.

Estilo Del Discurso.

Como ya hemos dicho anteriormente, la elocuencia militar nace más del corazón que de la inteligencia, y así debe emplear la brevedad y huir de la severidad académica, usando frases cortas, pero impetuosas; lacónica, pero viva y animada.
Cuando pregunte a los oyentes no les dejará tiempo para reflexionar, sino que les pondrá la alternativa del sí o del no anticipándose a veces a responder por ellos.
Las preguntas y las admiraciones animan las arengas, y uno de los caracteres más salientes de ésta es el de multiplicar los imperativos y de dar a los verbos aire de imperio que arrastra las voluntades; pero es preciso que el orador se incluya a sí mismo, no aislando la acción de los soldados de la suya, sino dándole a conocer que compartirá con ellos los peligros, el combate, las fatigas o las privaciones; debiendo tenerse presente la sencillez del estilo es condición indispensable, y que en ocasiones una frase acaso gramaticalmente incorrecta, un giro vicioso pero felizmente original, a ofrecido efectos que no hubieran producido el más retórico y acabado de los periodos.
En la oratoria militar se hace uso de imágenes extractadas de la naturaleza, con motivo de ejemplo, en mayor compresión a los oyentes, las cuales den una sensación de grandeza y que sea colosal.
Pero al margen de esto, es predominante el uso de las pasiones, en especial aquellas que siendo honradas penetren las entrañas de los soldados, así podemos nombrar: el amor a la patria y la grandeza de esta, el sentimiento de honor, gloria, bravura, fuerza, y coraje, son algunos aspectos útiles para dicho orador, debiendo prestar cuidado a no caer en un chauvinismo recalcitrante.
Aclarando a lo dicho anteriormente, diremos que la eficacia del uso de ciertos sentimientos dependerá de los tiempos o factores exógenos al cual se encuentre un país o un pueblo, es decir dependerá si se encuentran en tiempo de guerra o en tiempo de paz.
a) En tiempo de Guerra, habrá de distinguirse si se habla antes de empezar una campaña o durante ésta, y en segundo caso si antes o después de una batalla, durante el sitio de una plaza y dentro o fuera de ella, o si el fin inmediato es reaccionar contra la indisciplina, el cansancio, etc.

Antes de comenzar las operaciones, procede justificar ante las tropas la necesidad de estas y la justicia de la causa en pro de la cual ha de lucharse, haciendo resaltar las ofensas recibidas del enemigo, las proposiciones rechazadas por él, los tratados violados, las amenazas y la indignidad y deshonra que implicaría ceder ante todo ello.
Comenzada las hostilidades y antes de una batalla debe procurarse inflamar el valor del soldado, este caso son de aplicación las palabras que aparecen en la Enciclopedia Militar que escribió en francés una sociedad de militares y literatos.
Durante la acción la elocuencia militar se deja escuchar en medio del choque y el estruendo de las arma, ya reuniendo en una sola palabra batallones intimidados, ya conduciendo los escuadrones a la carga, ya exigiendo que un reducto se tome, ya mandando que , ya exigiendo que un reducto se tome, ya mandando que se refuerce una posición.
En estas ocasiones el orador se contenta con una frase corta y enérgica, debiendo ser sus palabras tan rápidas como sus movimientos.
Después de la acción, si la victoria a coronado los esfuerzo de las tropas, la elocuencia contará las banderas tomadas al enemigo, el botín que dejó en poder a los vencedores, el desastre que ha sufrido, las fatigas y peligros de los perdedores, la importancia de las posiciones tomadas, y las consecuencias de la victoria.
Y si por el contrario, si no se obtuvo la victoria añorada, encontrará la causa de ello en un obstáculo imprevisto o buscará una excusa a la derrota y aún sacará partido de las faltas cometidas para exigir nuevas pruebas de denuedo, como pago de la deuda contraria.

Para el orador militar debe tomar énfasis al tipo de ejercito al cual tiene en sus manos o son dirigidas sus palabras; por tanto son útiles todas las recomendaciones frente a un ejercito donde reine una emoción fuerte o extraordinaria, a razón de los momentos indignos que se vive. Mientras si el orados se encuentra frente a un ejercito mercenario, no tendrá ningún efecto sus palabras, es decir serán estériles sus aclaraciones y recomendaciones
Las arengas fueron útiles para alcanzar el efecto deseado, para esta clase de oradores, pero por la grandeza del grupo de ejércitos de hoy en día, es difícil hablar de ellos en su conjunto, como en aquellos días; pero a pesar de todo ello, algunos aún hacen uso de las arengas.

En la antigüedad, fueron muy usadas, en especial por Julio Cesar, las cuales son muy famosas. Desde la invasión de los bárbaros, desapareció la costumbre de arengar a los ejércitos, aunque reviviese con Carlo Magno y otros, no fueron perenne en el tiempo.

Por último la elocuencia militar se hacen manifiesta en muchas ocasiones en expresiones cortas y satisfactorias, más aún si están son inspiradas en el momento mismo de mayor peligro, las cuales son entremezcladas con el amor a la patria o a la gloria, que estos buscan. Constituyendo estas palabras memorables en la Historia; así tenemos las siguientes:
-- " ¡Soldats, songez que, du haut de ces Pyramides, quarante siècles vous contemplent !" ¡Soldados, recordad! ¡Que desde lo alto de esas pirámides cuarenta siglos contemplan vuestro valor! (Frase pronunciada por Napoleón Bonaparte el 19 de julio de 1798 ante su ejército vencidoi y desmoralizado, momentos antes de empezar la batalla de "Las Pirámides")
-- ¡¡ La sangre de Danton te ahoga !!.
(Palabras de Garnier de l’Aube a Robespierre, en la memorable sesión de la Convención que derrocó a éste).
-- ¡¡ Soldados ese es el sol de Austerlitz !! (Napoleón, en la batalla de Moskowa).

Oratoria Didáctica o Académica.-
Este género, comprende los discursos encaminados a persuadir a los hombres de las verdades científicas, tiene su origen en la creciente necesidad de expansión y propagación que la ciencia moderna va experimentando, y abarca todos los asuntos puramente científicos o de algún modo relacionado con la ciencia, de donde se deduce cuan extenso y general es su objeto, puesto que en nuestros días apenas queda aspecto de la realidad que no sea estudiada por la ciencia.
Navarro y Ledesma dice, que esto podría justificar el criterio de los que reputan como forma didáctica este género de oratoria; más para comprender la razón de nuestro concepto, basta fijarse en que el propósito del orador académico no es tanto enseñar o exponer teorías científicas como convencer o persuadir de la verdad de ésta al público, empleando para ello la forma de oratoria.
El orador didáctico tiene que reunir cualidades especiales, pues no le basta un conocimiento completo de la cuestión sobre la que va hablar, es preciso que posea, además, lo que se llama talento expositivo, o facultad de hacer llano, agradable y accesible a todas las inteligencias lo que de por sí es abstracto y difícil.

Los Discursos

Entre las varias especies de discursos didácticos debemos señalar los que se llaman con toda propiedad discursos académicos, porque se leen o pronuncian en las Academias científicas y literarias.
Los de Exposición Científica, en los cuales el orador ilustra a sus oyentes respecto de un punto por el investigado.
Los de Vulgarización, destinados a exponer teorías o descubrimientos modernos, poniéndolo al alcance del público profano.
Y los de Controversia o discursos de puntos opinables de olas nuevas investigaciones.

Oratoria Forense.

Es la que tiene por objeto ilustrar la inteligencia y mover la voluntad de los jueces para decidir si un hecho se ha realizado o no, si una persona es o no culpable, si ha de aplicarse tal o cual regla jurídica o si ésta ha de interpretarse en uno u otro sentido.
Esta finalidad especial de la oratoria forense requiere 3 reglas especiales, primero las Cualidades del Orador, segundo la Materia del Discurso, y tercero el estilo.
Todos ellos llevan conocido grandes valorizaciones, las cuales son reflejadas en el foro.
Estos aspectos serán expuestos en los siguientes trabajos posteriores, dejando al siguiente (estudiante) en orden al tema de exposición la correlativa explicación.



Reacción del público

A lo largo de toda la intervención el orador tiene que estar atento a cómo reacciona el público (con interés, con aburrimiento, con simpatía, con aprobación, con rechazo, etc.).

Lo peor que puede ocurrir es no conseguir captar su atención (es peor incluso a que el público manifieste su desacuerdo con la opinión presentada).

Si el público no muestra interés, no es posible la comunicación.

Hay que captar la atención del público en el primer momento de la intervención. Si no se consigue entonces, difícilmente se va a lograr más tarde.

Por tanto, hay que emplearse a fondo: saludar amablemente, preparar una introducción sugerente, jugar con la voz, con los gestos, mirada, anécdotas, etc.

Al primer indicio de que el público pierde atención hay que reaccionar con prontitud.

Si el público desconecta definitivamente va a ser muy difícil volver a conquistarle (aunque quisiera, le resultaría difícil captar el hilo argumental).

Al público que está más alejado resulta más difícil ganárselo, de ahí la conveniencia, si es posible, de moverse entre el público, acercando su presencia a la audiencia.

La extensión del discurso juega en contra de la atención del público.

Importancia de la brevedad.

Esto no quiere decir que el discurso tenga que ser necesariamente corto; durará lo que tenga que durar, pero no debe extenderse innecesariamente.

Es posible que el público manifieste discrepancia con la tesis del discurso.

Cuando el orador prepara su intervención debería anticipar su posible reacción (normalmente uno sabe cuando sus ideas pueden resultar polémicas), y en el caso previsible de que haya desacuerdo tratar de conocer los motivos.

Esto permite al orador llevar preparadas las respuestas a las posibles críticas.

Si la reacción contraria del público hubiera sido totalmente imprevista y el orador ignorase sus razones, lo mejor es preguntarle directamente el por qué de su rechazo.

Hay que darle al público la oportunidad de que exponga sus planteamientos; escucharle con atención, comentando a continuación que se trata de un razonamiento respetable, aunque diferente al punto de vista que uno sostiene.

Lo que no se puede hacer es aceptar las críticas tal cual, ya que debilitaría la posición del orador (perdería autoridad).

Tampoco éste debe atrincherarse en sus posiciones, criticando duramente los argumentos expuestos por el público e iniciando una discusión que termine crispando aún más los ánimos.

Un acto público no es el lugar más oportuno para una discusión acalorada. Muchas veces con prestar al público la atención debida es más que suficiente para ganarse su simpatía y respeto, aunque siga discrepando de los argumentos expuestos.

En todo caso, el orador no debe confundir la reacción contraria de una persona concreta con una opinión contraria generalizada.

Cuando finaliza la intervención el público suele aplaudir. El orador dará las gracias sinceramente, mirando al público, y se retirará discretamente.

Nada de esperar hasta que finalicen los aplausos, ni de volver al estrado a recibir una nueva ovación como si de un artista se tratase.

Hay que evitar gestos del tipo levantar las manos en señal de victoria, llevarse las dos manos al corazón, etc, ni se deben hacer comentarios del tipo "que exagerados sois", "no es para tanto", "cuanto os quiero".

Una vez finalizada la intervención resulta interesante pedirle a alguien que haya asistido que de su opinión sincera de cómo ha resultado (puntos fuertes y puntos a mejorar).

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