La
literatura oral de los pueblos originarios
Nuevo
Diario - Santiago del Estero
Especial
para Suplemento Cultura de Nuevo Diario / domingo, 20 de febrero de 2011
Por Rosa María Conca. Frente a los
permanentes embates de aculturación sufridos y a las tendencias homogeneizantes
de la globalización, la literatura oral de los pueblos originarios se muestra
como vehículo de expresión de quienes no tienen voz en la cultura hegemónica
dominante.
En este artículo me referiré a
relatos de transmisión oral de los pueblos originarios del Gran Chaco,
recogidos por un grupo de misioneros y publicados por Mercedes Silva, quien
vivió más de veinte años junto con los Tobas, en Pampa del Indio, Chaco. A
través de los mismos, aspiro a mostrar sus contenidos simbólicos, la
cosmovisión, el mundo espiritual y ético de una cultura milenaria que lucha por
sobrevivir.
En general, los relatos manifiestan
la profunda espiritualidad de los pueblos originarios de esa región, la
simpleza y profundidad de sus mensajes, que transmiten a través de imágenes
sugerentes cargadas de humanidad, la sabiduría milenaria de los ancestros.
Respecto de la cosmovisión que se
evidencia en los relatos, cabe señalar que los pueblos originarios se conciben
como parte del universo, de la vida, de la naturaleza y se definen por esa
pertenencia. Los Mapuches, por ejemplo, se denominan, en su lengua como “gente
de la tierra”.
Relatos
En los relatos, los personajes, en su
mayoría, son animales: tienen más conocimientos y mayor vinculación con las
fuerzas espirituales que los seres humanos. Estos, más débiles e indefensos,
necesitan la ayuda de los otros seres vivos para sobrevivir. Así, por ejemplo,
en distintos relatos, Kabaré, el
Carancho, (personaje con poderes
secretos), obtiene el fuego por primera vez quitándoselo a un ser poderoso y lo
comparte con “la gente” También enseña a
producir y utilizar el fuego.
A veces, el hombre se identifica
también con fenómenos naturales a los que intenta explicar: “Dicen que
antiguamente la lluvia era un hombre, un hombre de agua que vivía en la
tierra”.
… “Tokjnaj no para un momento y va de
acá para allá, montado en su mula mañera, que cada tanto patea, —y esos son los
truenos—. Anda envuelto hasta la cabeza en su poncho de flecos larguísimos, que
son los chorros de agua cuando llueve, y cada tanto asoma los ojos entre el
poncho; así se forman los relámpagos, como reflejos de su mirada terrible”.
Por otra parte, los distintos
escenarios en que transcurren las acciones muestran los planos o niveles de
existencia según la cosmovisión indígena: el más elevado es el cielo donde
reina el frío y habitan los seres poderosos; el más profundo son las aguas. A
veces, estos planos están unidos por un eje central lo que facilita la
movilidad. Son muy frecuentes las transformaciones al pasar de un nivel a otro:
“El águila juntó fuerza un rato y salió volando de nuevo, pero sola. Subió,
subió y subió y llegó hasta el cielo. Ahí se quedó para siempre, convertida en
una estrella muy brillante”.
En muchas culturas originarias, se
reitera la referencia al “árbol cósmico”, “puente entre el cielo y la tierra”,
símbolo del misterio de la vida. En los relatos del ciclo arcaico, la avaricia y
la falta de solidaridad entre las personas destruyó el árbol y por el hueco que
dejó al desaparecer, sólo los hombres con poderes especiales pueden subir al
cielo a buscar el alma robada de algún enfermo.
Cabe señalar que los relatos de los
orígenes tienen carácter sagrado. Al ser repetidos en ritos, ceremonias de
iniciación, generan conductas y contribuyen a un determinado ordenamiento
social. Los personajes míticos realizan acciones simbólicas que deben ser
interpretadas y sirven de guía en la formación de nuevas generaciones. La
intención de enseñar se ve enriquecida en estos relatos, por la fantasía y la
intención poética:
“Los Mocoví creían en un árbol, que
en su idioma llamaban Nalliagdiguá, de altura tan desmedida que llegaba desde
la tierra al cielo. Por él, de rama en rama, ganando siempre mayor elevación,
subían ellos a pescar de un río y lagunas muy grandes que abundaban de pescado
regaladísimo. Pero un día en que una vieja no pudo pescar cosa alguna y los
pescadores le negaron el socorro de una limosna para su mantenimiento, se
irritó tanto contra la nación Mocoví que, transfigurada en gusano, tomó el
ejercicio de roer el árbol y no desistió hasta derribarlo en tierra, con
increíble sentimiento y daño irreparable de toda la nación Mocoví”
Estos relatos antiguos promueven el
compartir, la solidaridad, como valores fundamentales para la vida en
comunidad. Por eso, la desatención y abandono de los más débiles son conductas
que originan privaciones y daños irreparables por lo que son severamente castigadas.
En cuanto a las formas literarias,
las narraciones presentan frecuentes diálogos lo que confiere dinamismo a las acciones. Muchas de ellas podrían ser
representadas. Las enseñanzas van, a veces, salpicadas de humor, ironía,
recursos que facilitan la aceptación de contenidos de gran tensión. Por ejemplo,
dos piojitos en un mosquitero “conversaban y jugueteaban” en representación de
sus dueños, para despistar a la Bruja.
Mitos
En “Los hijos del Tatú”, mito
fundante de la cultura Qom, los niños protagonistas están perdidos. Aparece la
“ayuda sobrenatural” bajo la forma de una palomita que les adelanta lo que iba
a ocurrir y les indica cómo debían proceder: la anciana (ser espiritual que
representa el mal) debía ser destruida, así como todo lo que se desprendía de
ella como negativo (víboras pequeñitas en su seno). Sin embargo, debían recibir
y desarrollar lo positivo (perros chiquitos en otro seno).
Finalmente, y después de distintas
peripecias, “todos se quedaron en el cielo convertidos en una constelación”.
Se destacan en este relato, distintos
símbolos polivalentes. Se podría interpretar que el sufrido pueblo Qom, en la
búsqueda del ideal (el Padre), debe realizar distintos aprendizajes, superar
muchos obstáculos, para acceder a un nivel más alto de realización.
La “ayuda sobrenatural” se presenta,
pues, bajo la forma de un mensajero, un ser bondadoso que aporta esperanza en
la búsqueda de soluciones. Se trata, a veces, de seres aparentemente
insignificantes (como una mosca, una paloma o un perro sarnoso), pero que
recompensan las buenas acciones y contribuyen a la superación de los
obstáculos. Por ejemplo, el perro sarnoso, rechazado por todos, ayuda al
matrimonio que lo recogió indicándole cuál era la mejor leña para conservar el
fuego y enfrentar las tinieblas. La sabiduría toba alerta sobre las consecuencias de los propios actos: las buenas
acciones generan situaciones positivas y las personas negativas, egoístas e
individualistas encuentran sólo “tinieblas”. Sólo el fuego de las buenas
acciones disipa las tinieblas. En la memoria colectiva de los pueblos
indígenas, las catástrofes o grandes sufrimientos se asociaban con ciertas
conductas humanas que provocaban la ira de fuerzas incontrolables. La
inseguridad, el temor de que volvieran a repetirse originaban los tabúes que
señalaban lo prohibido, lo vedado en la comunidad.
La mujer que no cumplía con los
mandatos ancestrales establecidos se transformaba en Nsoxoi, “bruja caníbal”.
“La hija de la bruja”
El relato “La hija de la bruja”
muestra, sin embargo, que la hija puede resolver su vida a partir de decisiones
personales, evadiendo el mandato familiar. De este modo, después de superar
fuertes obstáculos, accede a la formación de una familia feliz.
No sólo los tabúes inspirados en el
temor a fuerzas incontrolables regulan las conductas. A veces, éstas son
modeladas por la intervención de un poder benéfico que “pone límites” a las
conductas negativas y las reencauza en la convivencia armónica de la comunidad.
Tal es el caso presentado por el relato “El pájaro carpintero”. El suegro (el
Sr. Siete Estrellas), castiga el orgullo y agresividad de su yerno (el
Carpintero), lo persigue “desde las estrellas hasta el fondo del agua” y coloca
una raya sobre su lomo. Carpintero aprende la lección por eso la mediación de
su esposa logra su liberación.
De cualquier modo, para que todos
recuerden lo ocurrido en el futuro, Carpintero conserva “el lomo blanco en
señal de su castigo”.
En el “ciclo histórico”, los relatos
muestran cómo los indígenas ya no sólo actúan por influencia de poderes
sobrenaturales benéficos o maléficos, sino también por imitación de nuevas
prácticas observadas en los extranjeros como por ejemplo, la doma de caballos.
Sin embargo, en “El origen de la tormenta”, el relato alerta sobre las consecuencias de esta
nueva etapa: el protagonista (el zorro), termina despedazado por el caballo.
Este relato que podríamos ubicar en
los comienzos del siglo XVII, plantea simbólicamente, la situación de
injusticia que viven los indígenas por parte del patrón (encomendero) y de
otros hermanos que al protagonista a buscar nuevos horizontes con “la ayuda”
del águila, símbolo del conocimiento y la sabiduría. Esta, finalmente, pasa a
formar parte del cielo como estrella y el protagonista se transforma en
tormenta expresando quizás la libre conmoción de las fuerzas cósmicas contra
los atropellos terrenales.
En
“La Mordedura del Hombre”, del mismo ciclo, la comunidad está
representada por distintos tipos de víboras: cascabel, lampalagua, culebras,
etc. El único hombre mencionado muerde a la víbora y le ocasiona la muerte. El
relato sugiere dos mundos enfrentados que no pueden coexistir pacíficamente. La
invasión extranjera, cuantitativamente menos importante, somete, destruye, por la superioridad de sus armas mortales.
Respecto de los héroes míticos mencionamos anteriormente, el Kañagayí,
Canagachí o Chiiquí. El carancho: héroe de la cultura Qom, representa el modelo
a imitar que despierta admiración. El Guayapa lachigí o Huaxayagá cachiguí, “el
zorro sagaz”, refleja al común de los mortales, con sus ambigüedades y
contradicciones. El héroe de la cultura wichí: Tokjuaj, que cambió el mundo y
lo hizo como es ahora, se presenta como: divertido, cambiante, inteligente y
poderoso.
Cuentos de identidad
Consideración especial merecen las
narraciones que más directamente se refieren a la identidad de los pueblos
originarios. El relato Guaycurú “El zorro sagaz quiere volar” presenta a un
zorro que cree ser pájaro porque se había pegado algunas plumas para poder volar. Lógicamente
cae y se hace pedazos. El relato apunta a la necesidad de fortalecer la
identidad individual y de la comunidad.
El relato wichí “El gato que abrió
los ojos” se refiere a distintos animales: gato, burro, gallo, pato, etc. que
estaban domesticados. Al enterarse de que iban a ser sacrificados, se rebelan,
aprenden en conjunto cómo sobrevivir y finalmente optan por recuperar su
verdadera identidad que tiene que ver con la libertad: “El cordero se
transformó en corzuela y se metió en el monte… El burro se hizo anta… El gallo
se volvió pavo del monte… El pato, un pato de los del agua… y el gato,… gato
montés”. Narrado por Santos Aparicio de la provincia de Salta en 1905, este
relato cierra el libro como una profecía, da cuenta del crecimiento de la comunidad indígena a través
de la profundización de la organización y conciencia de sus derechos y marca,
en consecuencia, la esperanza de un futuro mejor. En síntesis, los relatos de
los pueblos originarios del Gran Chaco, transmitidos oralmente de generación en
generación, expresan la voz de un pueblo que ya no siente vergüenza por su raza
y su cultura, se transforman en portadores de fuertes pautas éticas y
culturales y, frente al peligro de disolución que plantea la globalización,
aportan a la construcción permanente de la identidad del pueblo argentino.
Rosa María Conca. Licenciada en Letras.
Docente de la Facultad de Humanidades
(UNSE).
PARA PENSAR Y ANALIZAR:
1 - ¿Qué mecanismos de vinculación con el entorno o contexto se
denotan en los relatos?
2 - ¿Con que objetivo se construían este tipo de relatos? ¿Podrían
establecer algún tipo de relación con hábitos o costumbres de la vida actual?
¿Cuáles? ¿A qué creen que se debe?.
3 - ¿Cómo describirían el modo de concebir la sabiduría y el valor
otorgado al conocimiento? ¿Se aplicaba de modo implícito a un determinado rol
dentro de la estructura social?.
4 – En función de los relatos a los que puede acceder hoy en día, ¿a
cuál/es valores o virtudes se le daba más importancia? ¿Es posible, en función
de estos, interpretar como concebían la idea de LIBERTAD?