Formación
del concepto de cultura
Origen del
término
Desde la antigüedad, se pueden
encontrar metáforas
que relacionan la práctica de algunas actividades con el «cultivo» del espíritu
humano, y las facultades sensibles e intelectuales del individuo –por ejemplo,
con el «cultivo» de la tierra, que es la agricultura, el cultivo fue
el principio de la modalidad cultural. En esta acepción se conserva aún en el
lenguaje cotidiano, cuando se identifica cultura con sensibilidad. De esta
suerte, una persona «culta» es aquella que posee extensos conocimientos en los
más variados «campos» del saber.
Concepción
clásica de la cultura
El término cultura proviene del latín cultus que a su
vez deriva de la voz colere que significa cuidado del campo o del
ganado. Hacia el siglo XIII, el término se empleaba para designar una parcela
cultivada, y tres siglos más tarde había cambiado su sentido como estado de una
cosa, al de la acción: el cultivo de la tierra o el cuidado del ganado (Cuche,
1999: 10), aproximadamente en el sentido en que se emplea en el español de
nuestros días en vocablos como agricultura, apicultura, piscicultura y otros. Por
la mitad del siglo XVI, el término adquiere una connotación metafórica, como el
cultivo de cualquier facultad. De cualquier manera, la acepción figurativa de
cultura no se extenderá hasta el siglo XVII, cuando también aparece en ciertos
textos académicos.
El Siglo de
las Luces (siglo XVIII) es la época en que el sentido figurado del término
como "cultivo del espíritu" se impone en amplios campos académicos.
Por ejemplo, el Dictionnaire de l'Academie Française de 1718. Y aunque
la Enciclopedia lo incluye sólo en su sentido
restringido de cultivo de tierras, no desconoce el sentido figurado, que
aparece en los artículos dedicados a la literatura, la pintura, la filosofía y
las ciencias. Al paso del tiempo, como cultura se entenderá la formación de la
mente. Es decir, se convierte nuevamente en una palabra que designa un estado,
aunque en esta ocasión es el estado de la mente humana, y no el estado de las
parcelas.
La clásica oposición entre cultura
y naturaleza también
tiene sus raíces en esta época. En 1798, el Dictionnaire incluye una
acepción de cultura en que se estigmatiza el "espíritu natural". Para
muchos de los pensadores de la época, como Jean Jacques Rousseau, la cultura es un
fenómeno distintivo de los seres humanos, que los coloca en una posición
diferente a la del resto de animales. La cultura es el conjunto de los
conocimientos y saberes acumulados por la humanidad a lo largo de sus milenios
de historia. En tanto una característica universal, el vocablo se emplea en
número singular, puesto que se encuentra en todas las sociedades sin distinción
de etnias, ubicación geográfica o momento histórico.
Cultura y
civilización
También es en el contexto de la Ilustración cuando
surge otra de las clásicas oposiciones en que se involucra a la cultura, esta
vez, como sinónimo de la civilización. Esta
palabra aparece por primera vez en la lengua francesa
del siglo XVIII, y con ella se significaba la refinación de las costumbres.
Civilización es un término relacionado con la idea de progreso. Según esto, la
civilización es un estado de la Humanidad
en el cual la ignorancia ha sido abatida y las costumbres y relaciones sociales
se hallan en su más elevada expresión. La civilización no es un proceso
terminado, es constante, e implica el perfeccionamiento progresivo de las
leyes, las formas de gobierno, el conocimiento. Como la cultura, también es un
proceso universal que incluye a todos los pueblos, incluso a los más atrasados
en la línea de la evolución social. Desde luego, los parámetros con los que se
medía si una sociedad era
más civilizada o más salvaje eran los de su propia sociedad. En los albores del
siglo XIX, ambos términos, cultura y civilización eran empleados casi de modo
indistinto, sobre todo en francés e inglés (Thompson, 2002: 186).
Es necesario señalar que no todos
los intelectuales franceses emplearon el término. Rousseau y Voltaire se mostraron
reticentes a esta concepción progresista de la historia. Intentaron proponer
una versión más relativista de la historia, aunque sin éxito,
pues la corriente dominante era la de los progresistas. No fue en Francia, sino
en Alemania donde las
posturas relativistas ganaron mayor prestigio. El término Kultur en
sentido figurado aparece en Alemania hacia el siglo XVII -aproximadamente con
la misma connotación que en francés. Para el siglo XVIII goza de gran prestigio
entre los pensadores burgueses alemanes. Esto se debió a que fue empleado para
denostar a los aristócratas, a los que acusaban de tratar de imitar las maneras
"civilizadas" de la corte francesa. Por ejemplo, Immanuel Kant apuntaba
que "nos cultivamos por medio del arte y de la ciencia, nos civilizamos
[al adquirir] buenos modales y refinamientos sociales" (Thompson, 2002:
187). Por lo tanto, en Alemania el término civilización fue equiparado con los
valores cortesanos, calificados de superficiales y pretenciosos. En sentido
contrario, la cultura se identificó con los valores profundos y originales de
la burguesía (Cuche, 1999:13).
En el proceso de crítica social, el
acento en la dicotomía cultura/civilización se traslada de las diferencias
entre estratos sociales a las diferencias nacionales. Mientras Francia era el
escenario de una de las revoluciones burguesas más importantes de la
historia, Alemania estaba fragmentada en múltiples Estados. Por ello, una de
las tareas que se habían propuesto los pensadores alemanes era la unificación
política. La unidad nacional pasaba también por la reivindicación de las
especificidades nacionales, que el universalismo de los pensadores franceses
pretendía borrar en nombre de la civilización. Ya en 1774, Johann Gottfried
Herder proclamaba que el genio de cada pueblo (Volksgeist)
se inclinaba siempre por la diversidad cultural, la riqueza humana y en contra
del universalismo. Por ello, el orgullo nacional radicaba en la cultura, a
través de la que cada pueblo debía cumplir un destino específico. La cultura,
como la entendía Herder, era la expresión de la humanidad diversa, y no excluía
la posibilidad de comunicación entre los pueblos.
Durante el siglo XIX, en Alemania
el término cultura evoluciona bajo la influencia del nacionalismo.[1]
Mientras tanto, en Francia, el concepto se amplió para incluir no sólo el
desarrollo intelectual del individuo,
sino el de la humanidad en su conjunto. De aquí, el sentido francés de la
palabra presenta una continuidad con el de civilización: no obstante la
influencia alemana, persiste la idea de que más allá de las diferencias entre
"cultura alemana" y "cultura francesa" (por poner un
ejemplo), hay algo que las unifica a todas: la cultura humana.[2]
Definiciones
de cultura en las disciplinas sociales
Para efecto de las ciencias sociales,
las primeras acepciones de cultura fueron construidas a finales del siglo XIX. Por esta época, la
sociología y la antropología eran
disciplinas relativamente nuevas, y la pauta en el debate sobre el tema que
aquí nos ocupa la llevaba la filosofía. Los primeros
sociólogos, como Émile
Durkheim, rechazaban el uso del término. Hay que recordar que en su
perspectiva, la ciencia de la sociedad debía abordar problemas relacionados con
la estructura social.[3]
Si bien es opinión generalizada que Carlos Marx
dejó de lado a la cultura, ello se ve refutado por las mismas obras del autor,
sosteniendo que las relaciones sociales de producción (la organización que
adoptan los seres humanos para el trabajo y la distribución social de sus
frutos) constituyen la base de la superestructura jurídico-política e
ideológica, pero en ningún caso un aspecto secundario de la sociedad. No es
concebible una relación social de producción sin reglas de conducta, sin
discursos de legitimación, sin prácticas de poder, sin costumbres y hábitos
permanentes de comportamiento, sin objetos valorados tanto por la clase
dominante como por la clase dominada. El desvelo de las obras juveniles de Marx, tanto de La ideología
alemana (1845-1846) en 1932 por la célebre edición del Instituto
Marx-Engels de la URSS
bajo dirección de David
Riazanov, como de los Manuscritos económicos y
filosóficos (1844) posibilitó que varios partidarios de sus propuestas
teóricas desarrollaran una teoría de la cultura marxista (véase más adelante).
El concepto de cultura generalmente
es relacionado con la antropología.
Una de las ramas más importantes de esta disciplina social se encarga
precisamente del estudio comparativo de la cultura. Quizá por la centralidad
que la palabra tiene en la teoría de la antropología, el término ha sido
desarrollado de diversas maneras, que suponen el uso de una metodología
analítica basada en premisas que en ocasiones distan mucho las unas de las
otras.
Los etnólogos y antropólogos
británicos y estadounidenses de las postrimerías del siglo XIX retomaron el
debate sobre el contenido de cultura. Estos autores tenían casi siempre
una formación profesional en derecho,
pero estaban particularmente interesados en el funcionamiento de las sociedades
exóticas con las que Occidente se encontraba en ese momento.[4]
En la opinión de estos pioneros de la etnología y la antropología social (como
Bachoffen, McLennan, Maine y Morgan), la cultura es el resultado del devenir
histórico de la sociedad. Pero la historia de la humanidad en estos escritores
era fuertemente deudora de las teorías ilustradas de la civilización, y sobre
todo, del darwinismo
social de Spencer.
Definiciones
descriptivas de cultura
Definición de Tylor
Como señala Thompson (2002: 190),
la definición descriptiva de cultura se encontraba presente en esos primeros
autores de la antropología decimonónica. El interés principal en la obra de
estos autores (que abordaba problemáticas tan disímbolas como el origen de la familia y el matriarcado, y las
supervivencias de culturas antiquísimas en la civilización occidental de su
tiempo) era la búsqueda de los motivos que llevaban a los pueblos a comportarse
de tal o cual modo. En esas exploraciones, o entre la tecnología y el resto
del sistema social.
Uno de los más importantes etnógrafos
de la época fue Gustav Klemm. En los diez tomos de
su obra Allgemeine Cultur-Geschichte der Menschheit (1843-1852) intentó
mostrar el desarrollo gradual de la humanidad por medio del análisis de la
tecnología, costumbres, arte, herramientas, prácticas religiosas. Una obra
monumental, pues incluía ejemplos etnográficos de pueblos de todo el mundo. El
trabajo de Klemm habría de tener eco en sus contemporáneos, empeñados en
definir el campo de una disciplina científica que estaba naciendo. Unos veinte
años más tarde, en 1871, Edward
B. Tylor publicó en Primitive Culture una de las definiciones más
ampliamente aceptadas de cultura. Según Tylor, la cultura es:
...aquel todo complejo que incluye el conocimiento,
las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres, y cualesquiera
otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre. La situación de la
cultura en las diversas sociedades de la especie humana, en la medida en que
puede ser investigada según principios generales, es un objeto apto para el
estudio de las leyes del pensamiento y la acción del hombre.
(Tylor, 1995: 29)
De esta suerte, una de las
principales aportaciones de Tylor fue la elevación de la cultura como materia
de estudio sistemático. A pesar de este notable avance conceptual, la propuesta
de Tylor adolecía de dos grandes debilidades. Por un lado, sacó del concepto su
énfasis humanista al convertir a la cultura en objeto de ciencia. Por el otro,
su procedimiento analítico era demasiado descriptivo. En el texto citado
arriba, Tylor plantea que "un primer paso para el estudio de la
civilización[5]
consiste en diseccionarla en detalles, y clasificar éstos en los grupos
adecuados" (Tylor, 1995:33). Según esta premisa, la mera recopilación de
los "detalles" permitiría el conocimiento de una cultura. Una vez
conocida, sería posible clasificarla en una graduación de más a menos
civilizada, premisa que heredó de los darwinistas sociales.
Definición de los culturalistas
La propuesta teórica de Tylor fue
retomada y reelaborada posteriormente, tanto en Gran Bretaña como en Estados
Unidos. En este último país, la antropología evolucionaba hacia una posición
relativista, representada en primera instancia por Franz Boas. Esta posición
representaba un rompimiento con las ideas anteriores sobre la evolución
cultural, en especial las propuestas por los autores británicos y el
estadounidense Lewis
Henry Morgan. Para éste último, contra quien Boas dirigió sus críticas en
uno de sus pocos textos teóricos, el proceso de la evolución social humana
(tecnología, relaciones sociales y cultura) podía ser equiparado con el proceso
de crecimiento de un individuo de la especie. Por lo tanto, Morgan comparaba el
salvajismo
con la "infancia de la especie humana", y la civilización, con la
madurez.[6]
Boas fue sumamente duro con las propuestas de Morgan y el resto de los
antropólogos evolucionistas contemporáneos. A lo que sus autores llamaban
"teorías" sobre la evolución de la sociedad, Boas las calificó de
"puras conjeturas" sobre el ordenamiento histórico de "fenómenos
observados conforme a principios admitidos [de antemano]" (1964:184).
La crítica de Boas en contra de los
evolucionistas es un eco de la perspectiva de los filósofos alemanes como
Herder y Wilhelm Dilthey.
El núcleo de la propuesta radica en su inclinación a considerar la cultura como
un fenómeno plural. En otras palabras, más que hablar de cultura, Boas hablaba
de culturas. Para la mayor parte de los antropólogos y etnólogos
adscritos a la escuela culturalista estadounidense, el estado del arte
etnográfico al principio del siglo XX no permitía la conformación de una teoría
general sobre la evolución de las culturas. Por lo tanto, la labor más
importante de los estudiosos del fenómeno debía ser la documentación etnográfica.[7]
De hecho, Boas escribió muy pocos textos teóricos, en comparación con sus
monografías sobre los pueblos indígenas de la costa pacífica de América del Norte.
Los antropólogos formados por Robin
Reid hubieron de heredar muchas de las premisas de su maestro. Entre otros
casos notables, están el de Ruth
Benedict. En su obra Patterns of culture (1939), Benedict señala que
cada cultura es un todo comprensible sólo en sus propios términos[8]
y constituye una suerte de matriz que da sentido a la actuación de los
individuos en una sociedad. Alfred Kroeber,
retomando la oposición entre cultura y naturaleza, también señalaba que las
culturas son fenómenos sui generis pero, en sentido estricto, eran de
una categoría exterior a la naturaleza. Por lo tanto, según Kroeber, el estudio
de las culturas debía salirse del dominio de las ciencias naturales y encarar a
las primeras como lo que eran: fenómenos superorgánicos.[9]
Melville Herskovits
y Clyde Kluckhohn
retomaron de Tylor su definición cientificista del estudio de la cultura. Para
el primero, también la recolección de rasgos definitorios de las culturas
permitiría su clasificación. Aunque, en este caso, la clasificación no se
realizaba en sentido diacrónico, sino espacial-geográfico que habría de permitir
el conocimiento de las relaciones entre los diferentes pueblos asentados en un área
cultural. Kluckhonn, por su parte, resume en su texto Antropología
la mayor parte de los postulados vistos en esta sección, y reclama el dominio
de lo cultural como el campo específico de la actividad antropológica.
Definición
funcionalista-estructural
La característica más peculiar del
concepto funcionalista de cultura se refiere precisamente a la función
social de la misma. El supuesto básico es que todos los elementos de una
sociedad (entre los que la cultura es uno más) existen porque son necesarios.
Esta perspectiva ha sido desarrollada tanto en antropología como en sociología
aunque, sin duda, sus primeras características fueron delineadas
involuntariamente por Émile
Durkheim. Este sociólogo francés muy pocas veces empleó el término como
unidad analítica principal de su disciplina. En su libro Las reglas del
método sociológico (1895), plantea que la sociedad está compuesta por
entidades que tienen una función específica, integradas en un sistema análogo
al de los seres vivos, donde cada órgano está especializado en el cumplimiento
de una función vital. Del mismo modo en que los órganos de un cuerpo son
susceptibles a la enfermedad, las instituciones y costumbres, las creencias y
las relaciones sociales también pueden caer en un estado de anomia. Durkheim y
sus seguidores, sin embargo, no se ocupan exclusiva ni principalmente de la
cultura como objeto de estudio, sino de hechos
sociales. A pesar de ellos, sus propuestas analíticas fueron retomadas por
autores conspicuos de la antropología social británica y la sociología de
la cultura de Estados Unidos.
Más tarde, el polaco Bronislaw Malinowski retomó tanto la
descripción de cultura de Tylor como algunos de los planteamientos de Durkheim
relativos a la función social. Para Malinowski, la cultura podía ser entendida
como una «realidad sui generis» que debía estudiarse como tal (en sus
propios términos). En la categoría de cultura incluía artefactos, bienes,
procesos técnicos, ideas, hábitos y valores heredados (Thompson, 2002: 193).
También consideraba que la estructura social podía ser entendida análogamente a
los organismos vivos pero, a diferencia de Durkheim, Malinowski tenía una
tendencia más holística.
Malinowski creía que todos los elementos de la cultura poseían una función que
les daba sentido y hacía posible su existencia. Pero esta función no era dada
únicamente por lo social, sino por la historia del grupo y el entorno
geográfico, entre muchos otros elementos. El reflejo más claro de este
pensamiento aplicado al análisis teórico fue el libro Los argonautas del
Pacífico Occidental (1922), una extensa y detallada monografía sobre las
distintas esferas de la cultura de los isleños trobriandeses, un pueblo que
habitaba en las islas
Trobriand, al oriente de Nueva
Guinea.
Años más tarde, Alfred
Reginald Radcliffe-Brown, también antropólogo británico, retomaría algunas
de las propuestas de Malinowski, y muy especialmente las que se referían a la
función social. Radcliffe-Brown rechazaba que el campo de análisis de la
antropología fuera la cultura, más bien se encargaba del estudio de la estructura social, un
entramado de relaciones entre las personas de un grupo. Sin embargo, también
analizó aquellas categorías que habían sido descritas con anterioridad por
Malinowski y Tylor, siguiendo siempre el principio del análisis científico de
la sociedad. En su libro Estructura y función en la sociedad primitiva
(1975) Radcliffe-Brown establece que la función más importante de las creencias
y prácticas sociales es la del mantenimiento del orden social, el equilibrio en
las relaciones y la trascendencia del grupo en el tiempo. Sus propuestas fueron
retomadas más tarde por muchos de sus alumnos, especialmente por Edward Evan
Evans-Pritchard etnógrafo de los nuer
y los azande, pueblos del centro
de África. En ambos
trabajos etnográficos, la función reguladora de las creencias y prácticas
sociales está presente en el análisis de esas sociedades, a la primera de las
cuales, Evans-Pritchard llamó "anarquía ordenada".
Definiciones
simbólicas
Los orígenes de las concepciones
simbólicas de cultura se remontan a Leslie White, antropólogo
estadounidense formado en la tradición culturalista de Boas. A pesar de que en
su libro La ciencia de la cultura afirma, en un principio, que ésta es
«el nombre de un tipo preciso o clase de fenómenos, es decir, las cosas y los
sucesos que dependen del ejercicio de una habilidad mental, exclusiva de la
especie humana, que hemos llamado 'simbolizante'», en el transcurso de su
texto, White irá abandonando la idea de la cultura como símbolos
para orientarse hacia una perspectiva ecológica.[10]
Definición estructuralista
El estructuralismo es una corriente más
o menos extendida en las ciencias sociales. Sus orígenes se remontan a Ferdinand de Saussure,
lingüista, quien propuso grosso modo que la lengua es un
sistema de signos. Tras su conversión a la antropología (tal como la
llama en Tristes trópicos), Claude
Lévi-Strauss –influido por Roman Jakobson– habría
de retomar este concepto para el estudio de los hechos de interés
antropológico, entre los que la cultura era sólo uno más. De acuerdo con
Lévi-Strauss, la cultura es básicamente un sistema de signos[11]
producidos por la actividad simbólica de la mente humana (tesis que comparte
con White).
En Antropología estructural
(1958) Lévi-Strauss irá definiendo las relaciones que existen entre los signos
y símbolos
del sistema, y su función en la sociedad, sin prestar demasiada atención a este
último punto. En resumen, se puede decir que en la teoría estructuralista, la
cultura es un mensaje que
puede ser decodificado tanto en sus contenidos, como en sus reglas. El mensaje
de la cultura habla de la concepción del grupo social que la crea, habla de sus
relaciones con internas y externas. En El pensamiento salvaje (2002),
Lévi-Strauss apunta que todos los símbolos y signos de que está hecha la
cultura son productos de la misma capacidad simbólica que poseen todas las
mentes humanas. Esta capacidad, básicamente consiste en la clasificación de las
cosas del mundo en grupos, a los que se atribuyen ciertas cargas semánticas. No
existe grupo de símbolos o signos (campo semántico)
que no tenga uno complementario. Los signos y sus significados pueden ser
asociados por metáfora
(como en el caso de las palabras) o metonimia (como en el caso de
los emblemas de la realeza) a fenómenos significativos para el grupo creador
del sistema cultural. Las asociaciones simbólicas no necesariamente son las
mismas en todas las culturas. Por ejemplo, mientras en la cultura occidental,
el rojo es el color del amor, en Mesoamérica es el de
la muerte.
Según la propuesta estructuralista,
las culturas de los pueblos "primitivos" y "civilizados"
están hechas de la misma materia y, por tanto, los sistemas del conocimiento
del mundo exterior dominantes en cada uno –magia en los primeros, ciencia en los segundos– no son
radicalmente diferentes. Aunque son varias las distinciones que se pueden
establecer entre culturas primitivas y modernas: una de las más importantes es
el modo en que manipulan los elementos del sistema. En tanto que la magia
improvisa, la ciencia procede sobre la base del método
científico.[12]
El uso del método científico no quiere decir –según Lévi-Strauss– que las
culturas donde la ciencia es dominante sean superiores, o que aquellas donde la
magia juega un papel fundamental sean menos rigurosas o metódicas en su manera
de conocer el mundo. Simplemente, son de índole distinta unas de otras, pero la
posibilidad de comprensión entre ambos tipos de culturas radica básicamente en
una facultad universal del género humano.
En la perspectiva estructuralista,
el papel de la historia en
la conformación de la cultura de una sociedad no es tan importante. Lo fundamental
es llegar a dilucidar las reglas que subyacen en la articulación de los
símbolos en una cultura, y observar la manera en que éstos dotan de sentido la
actuación de una sociedad. En varios textos, Lévi-Strauss y sus seguidores
(como Edmund Leach)
parecen insinuar, como Ruth Benedict, que la cultura es una suerte de patrón
que pertenece a todo el grupo social pero no se encuentra en nadie en
particular. Esta idea también fue retomada del concepto de lenguaje propuesto por
Saussure.
Definición
de la antropología simbólica
La antropología simbólica es
una rama de las ciencias sociales cuyo desarrollo se relaciona con la crítica
al estructuralismo lévi-straussiano. Uno de los principales exponentes de esta
corriente es Clifford
Geertz. Comparte con el estructuralismo francés la tesis de la cultura como
un sistema de símbolos pero, a diferencia de Lévi-Strauss, Geertz señala que no
es posible para los investigadores el conocimiento de sus contenidos:
Al creer tal como Max Weber que el hombre es un
animal suspendido en tramas de significación tejidas por él mismo, considero
que la cultura se compone de tales tramas, y que el análisis de ésta no es, por
tanto, una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia
interpretativa en busca de significado.
(Geertz, 1988:)
Bajo la premisa anterior, Geertz y
la mayor parte de los antropólogos simbólicos ponen en duda la autoridad de la etnografía. Señalan que
a lo que pueden limitarse los antropólogos es a hacer "interpretaciones
plausibles" del significado de la trama simbólica que es la cultura, a
partir de la descripción densa de la mayor
cantidad de puntos de vista que sea posible conocer respecto a un mismo suceso.
En otro sentido, los simbólicos no creen que todos los elementos de la trama
cultural posean el mismo sentido para todos los miembros de una sociedad. Más
bien creen que pueden ser interpretados de modos diferentes, dependiendo, ya de
la posición que ocupen en la estructura social, ya de condicionamientos
sociales y psíquicos anteriores, o bien, del mismo contexto.[13]
Definiciones
marxistas
Tal como se señaló anteriormente, Karl Marx a pesar de la
opinión generalizada, puso atención en el análisis de las cuestiones
culturales, específicamente en su relación con el resto de la estructura
social. Según la propuesta teórica de Marx, el dominio de lo cultural
(constituido sobre todo por la ideología) es un reflejo
de las relaciones sociales de producción, es decir, de la organización que
adoptan los seres humanos frente a la actividad económica. La gran aportación
del marxismo en el análisis de la cultura es que ésta es entendida como el
producto de las relaciones de producción, como un fenómeno que no está
desligado del modo
de producción de una sociedad. Asimismo, la considera como uno de los
medios por los cuales se reproducen las relaciones sociales de producción, que
permiten la permanencia en el tiempo de las condiciones de desigualdad entre
las clases.
En sus interpretaciones más
simplistas, la definición de la ideología en Marx ha dado lugar a una tendencia
a explicar las creencias y el comportamiento social en función de las
relaciones que se establecen entre quienes dominan el sistema económico y sus subalternos.
Sin embargo, son muchas las posturas donde la relación entre la base económica
y la superestructura cultural es analizada en enfoques más amplios. Por
ejemplo, Antonio Gramsci
llama la atención a la hegemonía,
un proceso por medio del cual, un grupo dominante se legitima ante los
dominados, y estos terminan por ver natural y asumir como deseable la
dominación. Louis
Althusser propuso que el ámbito de la ideología (el principal
componente de la cultura) es un reflejo de los intereses de la élite, y que a
través de los aparatos ideológicos
del Estado se reproducen en el tiempo.
Así mismo, Michel Foucault –en el
conocido debate de noviembre de 1971 en Holanda con Noam Chomsky– respondiendo
la pregunta de que si la sociedad capitalista era democrática, además de
contestar negativamente –argumentando que una sociedad democrática se basa en
el efectivo ejercicio del poder por una población que no esté dividida u
ordenada jerárquicamente en clases– sostiene que, de manera general, todos los
sistemas de enseñanza –los cuales aparecen simplemente como transmisores de
conocimientos aparentemente neutrales–, están hechos para mantener a cierta
clase social en el poder, y excluir de los instrumentos de poder a otras clases
sociales.
Definición neoevolucionista o ecofuncionalista
Si bien el estudio de la cultura
nació como una inquietud por el cambio de las sociedades a lo largo del tiempo,
el desprestigio en el que cayeron los primeros autores de la antropología fue
un terreno fértil para que arraigaran en la reflexión sobre la cultura las
concepciones ahistóricas. Salvo los marxistas, interesados en el proceso
revolucionario hacia el socialismo, el resto de las disciplinas sociales no
prestaron mayor atención al problema de la evolución cultural.
Para introducir las definiciones
neoevolucionistas de cultura, es necesario recordar que los evolucionistas
sociales de finales del siglo XIX (representados, entre otros, por Tylor),
pensaban que las sociedades "primitivas" de su época eran residuos de
antiguas formas culturales, por las que necesariamente habría pasado la
civilización de Occidente
antes de llegar a ser lo que era en ese momento. Como se indicó antes, Boas y
sus discípulos echaron por tierra estos argumentos, señalando que nada probaba
la veracidad de estas suposiciones. Sin embargo, en Estados Unidos, hacia la
década de 1940 tuvo lugar un nuevo viraje del enfoque temporal de
la antropología. Éste nuevo rumbo es el neoevolucionista, interesado
entre otras cosas, por el cambio socio-cultural y las relaciones entre cultura
y medio ambiente.
White y
Steward
Según el neoevolucionismo, la
cultura es el producto de las relaciones históricas entre un grupo humano y su
medio ambiente. De esta manera se pueden resumir las definiciones de cultura
propuestas por Leslie White (1992) y Julian Steward (1992),
quienes encabezaron la corriente neoevolucionista en su nacimiento.[14]
El énfasis de la nueva corriente antropológica se movió del funcionamiento de
la cultura a su carácter dinámico. Este cambio de paradigma representa una
clara oposición al funcionalismo
estructuralista, interesado en el funcionamiento actual de la sociedad; y
el culturalismo, que aplazaba el análisis histórico para un momento en que los
datos etnográficos lo permitieran.
Tanto Steward como White concuerdan
en que la cultura es sólo uno de los ámbitos de la vida social. Para White, la
cultura no es un fenómeno que deba entenderse en sus propios términos, como
proponían los culturalistas. El aprovechamiento energético es el motor de las
transformaciones culturales: estimula la transformación de la tecnología disponible,
tendiendo siempre a mejorar. Así, la cultura está determinada por la forma en
la que el grupo humano aprovecha su entorno. Este aprovechamiento se traduce a
su vez en energía. El desarrollo de la cultura de un grupo es proporcional la
cantidad de energía que
la tecnología
disponible le permite aprovechar. La tecnología determina las relaciones
sociales y esencialmente la división del
trabajo como una prístina forma de organización. A su vez, la estructura
social y la división del trabajo se reflejan en el sistema de creencias del
grupo, que formula conceptos que le permiten comprender el entorno que le
rodea. Una modificación en la tecnología y la cantidad de energía aprovechada
se traduce, por tanto, en modificaciones en todo el conjunto.
Steward, por su parte, retomaba de Kroeber
la concepción de la cultura como un hecho que se encontraba por encima y fuera
de la naturaleza. Sin embargo, Steward sostenía que había un diálogo entre
ambos dominios. Opinaba que la cultura es un fenómeno o capacidad del ser humano
que le permite adaptarse a su medio biológico. Uno de los principales conceptos
en su obra es el de evolución. Steward planteaba que la cultura
sigue un proceso de evolución multilineal (es decir, no todas las culturas pasan
de un estado salvaje a la barbarie, y de ahí a la civilización), y que este
proceso se basa en el desarrollo de tipos culturales derivados de
las adaptaciones culturales al medio físico de una sociedad. Steward introduce
en las ciencias sociales el término de ecología, señalando con
él: el análisis de las relaciones existentes entre todos los organismos que
comparten un mismo nicho
ecológico.
Evolución
cultural
Había por lo menos una gran
distancia conceptual entre la propuesta de White y de Steward. El primero se
inclinaba por el estudio de la cultura como fenómeno total, en tanto que el
segundo se mantenía más proclive al relativismo. Por ello, entre las
limitaciones que tuvieron que superar sus sucesores estuvo la de concatenar
ambas posturas, para unificar la teoría de los estudios de la ecología
cultural. De esta suerte, Marshall Sahlins
propuso que la evolución cultural sigue dos direcciones. Por un lado, crea
diversidad "a través de una modificación de adaptación: las nuevas formas
se diferencian de las viejas. Por otra parte, la evolución genera progreso: las
formas superiores surgen de las inferiores y las sobrepasan".[15]
La idea de que la cultura se
transforma siguiendo dos líneas simultáneas fue desarrollada por Darcy Ribeiro, que
introdujo el concepto de proceso civilizatorio[16]
para comprender las transformaciones de la cultura.
Con el tiempo, el neoevolucionismo
sirvió como una de las principales bisagras entre las ciencias sociales y
las ciencias
naturales, especialmente coma puente con la biología y la ecología. De hecho, su
propia vocación como enfoque holístico le ha convertido en una de las corrientes más
interdisciplinarias de las disciplinas que estudian la humanidad. A partir de
la década de 1960, la ecología entró en una relación muy estrecha con los
estudios culturales de corte evolutivo. Los biólogos habían descubierto que los
seres humanos no son los únicos animales que poseen cultura: se habían
encontrado indicios de ella entre algunos insectos, pero especialmente entre
los primates. Roy Rappaport introdujo en la
discusión de lo social la idea de que la cultura forma parte de la misma
biología del ser humano, y que la evolución misma del ser humano se debe a la
presencia de la cultura. Señalaba que:
...superorgánica o no, se debe tener presente que la
cultura en sí pertenece a la naturaleza. Emergió en el curso de la evolución
mediante procesos de selección natural diferentes sólo en parte de aquellos que
produjeron los tentáculos del pulpo […] Aunque la cultura está altamente
desarrollada en los seres humanos, estudios etológicos recientes han indicado
alguna capacidad simbólica entre otros animales. […] Aunque las culturas pueden
imponerse a los sistemas ecológicos, hay límites para esas imposiciones, ya que
las culturas y sus componentes están sujetos a su vez a procesos selectivos.
(Rappaport, 1998: 273-274)
Los nuevos descubrimientos en la etología (ciencia que
estudia el comportamiento de los animales) animaron a muchos biólogos a
intervenir en el debate sociológico de la cultura. Algunos de ellos buscaban
establecer relaciones entre la cultura humana y las formas primitivas de
cultura observadas, por ejemplo, entre los macacos de Japón. Uno de los ejemplos
más conocidos es el de Sherwood Washburn, profesor de
antropología de la Universidad de California. Al frente de un equipo
multidisciplinario, emprendió la tarea de buscar cuáles eran los orígenes de la
cultura humana. Como primera parte de su proyecto, analizó el comportamiento
social de los primates superiores. En segundo lugar, suponiendo que los bosquimanos !kung
eran los últimos reductos de las formas más primitivas de cultura humana,
procedió al estudio de su cultura. La tercera etapa del programa de Washburn
(en el que colaboraron Richard Lee e Irven de Vore, y que se prolongó durante
la primera mitad de los años sesenta) fue proceder a la comparación de los
resultados de ambas investigaciones, y especuló sobre esta base acerca de la
importancia de la cacería en la construcción de la sociedad y la cultura.
Esta hipótesis fue presentada en un
congreso llamado Man, the Hunter, realizado en la Universidad de Chicago
en 1966. Fuera porque la investigación se apoyaba en premisas sobre la
evolución cultural que fueron desechadas desde los tiempos de Boas, o porque
era una tesis que negaba la importancia de la mujer en la construcción de la
cultura, la tesis de Washburn, Lee y De Vore no fue bien recibida.[17]
Esta definición, atiende a la
característica principal de la cultura, que es una obra estrictamente de
creación humana, a diferencia de los procesos que realiza la naturaleza, por
ejemplo, el movimiento de la tierra, las estaciones del año, los ritos de
apareamiento de las especies, las mareas e incluso la conducta de las abejas
que hacen sus panales, elaboran miel, se orientan para encontrar el camino de
regreso pero, que a pesar de eso, no constituyen una cultura, pues todas las
abejas del mundo hacen exactamente lo mismo, de manera mecánica, y no pueden
cambiar nada. Exactamente lo contrario ocurren en el caso de las obras, ideas y
actos humanos, ya que estos transforman o se agregan a la naturaleza, por
ejemplo, el diseño de una casa, la receta de un dulce de miel o de chocolate,
la elaboración de un plano, la simple idea de las relaciones matemáticas, son
cultura y sin la creación humana no existirían por obra de la naturaleza.
Marvin
Harris y el materialismo cultural
Dentro del tipo de ideas introducidas
por Steward, cabe señalar el materialismo cultural
propugnado por Marvin
Harris y otros antropólogos estadounidenses. Esta corriente puede ser
asimilada a una forma de ecofuncionalismo en el que se encajan ciertas
divisiones introducidas por Marx. Para el materialismo cultural, entender la evolución cultural
y la configuración de las sociedades depende básicamente de condiciones
materiales, tecnológicas e infraestructurales. El materialismo cultural
establece una triple división entre grupos de conceptos que atiende a su
relación causal. Esos grupos se llaman: infraestructura (modo de
producción, tecnología, condiciones geográficas,...), estructura (modo
de organización social, estructura jerárquica,...) y supraestructura
(valores religiosos y morales, creaciones artísticas, leyes,...)
El
concepto científico de cultura
El concepto científico de cultura
hizo uso desde el principio de ideas de la teoría de la información, de la
noción de “meme” introducida
por Richard Dawkins,
de los métodos matemáticos desarrolladas en la genética de poblaciones por
autores como Luigi
Luca Cavalli-Sforza y de los avances en la compresión del cerebro y del
aprendizaje. Diversos antropólogos, como William Durham, y filósofos, como Daniel Dennett y Jesús Mosterín,
han contribuido decisivamente al desarrollo de la concepción científica de la
cultura. Mosterín define la cultura como la información transmitida por
aprendizaje social entre animales de la misma especie. Como tal, se contrapone
a la naturaleza, es decir, a la información transmitida genéticamente. Si los
memes son las unidades o trozos elementales de información adquirida, la
cultura actual de un individuo en un momento determinado sería el conjunto de
los memes presentes en el cerebro de ese individuo en ese momento. A su vez, la
noción vaga de cultura de un grupo social es analizada por Mosterín en varias
nociones precisas distintas, definidas todas ellas en función de los memes
presentes en los cerebros de los miembros del grupo.[18]
Industria
cultural
Es la cultura que está, como un
mercado, sujeta a las leyes de la oferta y la demanda de la economía
capitalista.
Socialización
de la cultura
La importante aportación de la psicología
humanista de, por ejemplo, Erik Erikson con una
teoría psicosocial para explicar los componentes socioculturales del desarrollo
personal.
- Cada miembro de la especie podría acceder a ella desde una fuente
común, sin limitarse, ejemplo de ello: el conocimiento transmitido por los
padres.
- Debe poder ser incrementada en las ulteriores generaciones.
- Ha de resultar universalmente compartible por todos aquellos que
poseen un lenguaje racional y significativo.
Así, el ser humano tiene la
facultad de enseñar al animal, desde el momento en que es capaz de entender su
rudimentario aparato de gestos y sonidos, llevando a cabo nuevos actos de comunicación;
pero los animales no pueden hacer algo parecido con nosotros. De ellos podemos
aprender por la observación, como objetos, pero no mediante el intercambio
cultural, es decir, como sujetos.
Clasificación
La cultura se clasifica, respecto a
sus definiciones, de la siguiente manera:
- Tópica: La cultura consiste en una lista de tópicos o categorías,
tales como organización social, religión o economía.
- Histórica: La cultura es la herencia social, es la manera que los
seres humanos solucionan problemas de adaptación al ambiente o a la vida
en común.
- Mental: La cultura es un complejo de ideas, o los hábitos
aprendidos, que inhiben impulsos y distinguen a las personas de los demás.
- Estructural: La cultura consiste en ideas, símbolos o
comportamientos, modelados o pautados e inter-relacionados.
- Simbólica: La cultura se basa en los significados arbitrariamente
asignados que son compartidos por una sociedad.
La cultura puede también ser
clasificada del siguiente modo:
Según su extensión
- Universal: cuando es tomada desde el punto de vista de una
abstracción a partir de los rasgos que son comunes en las sociedades del
mundo. Por ej., el saludo.
- Total: conformada por la suma de todos los rasgos particulares a
una misma sociedad.
- Particular: igual a la subcultura; conjunto de pautas compartidas
por un grupo que se integra a la cultura general y que a su vez se
diferencia de ellas. Ej.: las diferentes culturas en un mismo país.
Según su desarrollo
- Primitiva: aquella cultura que mantiene rasgos precarios de
desarrollo técnico y que por ser conservadora no tiende a la innovación.
- Civilizada: cultura que se actualiza produciendo nuevos elementos
que le permitan el desarrollo a la sociedad.
- Analfabeta o pre-alfabeta: se maneja con lenguaje oral y no ha
incorporado la escritura ni siquiera parcialmente.
- Alfabeta: cultura que ya ha incorporado el lenguaje tanto escrito
como oral.
Según su carácter
dominante
- Sensista: cultura que se manifiesta exclusivamente por los
sentidos y es conocida a partir de los mismos.
- Racional: cultura donde impera la razón y es conocido a través de
sus productos tangibles.
- Ideal: se construye por la combinación de la sensista y la
racional
Según su dirección
- Posfigurativa: aquella cultura que mira al pasado para repetirlo
en el presente. Cultura tomada de nuestros mayores sin variaciones. Es
generacional y se da particularmente en pueblos primitivos.
- Configurativa: la cultura cuyo modelo no es el pasado, sino la
conducta de los contemporáneos. Los individuos imitan modos de
comportamiento de sus pares y recrean los propios.
- Prefigurativa: aquella cultura innovadora que se proyecta con
pautas y comportamientos nuevos y que son válidos para una nueva
generación y que no toman como guía el modelo de los padres a seguir pero
si como referentes.
Elementos
de la cultura
La cultura forma todo lo que
implica transformación y seguir un modelo de vida. Los elementos de la cultura
se dividen en:
- Concretos o materiales: fiestas, alimentos, ropa (moda), arte
plasmado, construcciones arquitectónicas, instrumentos de trabajo
(herramientas), monumentos representativos históricos.
- Simbólicos o espirituales: creencias (filosofía,
espiritualidad/religión), valores (criterio de juicio moral y/o ética),
actos humanitarios, normas y sanciones (jurídicas, morales, convencionalismos
sociales), organización social y sistemas políticos, símbolos
(representaciones de creencias y valores), arte (apreciación), lenguaje
(un sistema de comunicación simbólica), tecnología y ciencia.
Dentro de toda cultura hay dos
elementos a tener en cuenta:
- Rasgos culturales: porción más pequeña y significativa de la
cultura, que da el perfil de una sociedad. Todos los rasgos se transmiten
siempre al interior del grupo y cobran fuerza para luego ser
exteriorizados.
- Complejos culturales: contienen en si los rasgos culturales en la
sociedad.
Cambios
culturales
Los cambios culturales: son los cambios a lo largo del tiempo de todos o algunos de los
elementos culturales de una sociedad (o una parte de la misma).
- Enculturación: es el proceso en el que el
individuo se culturiza, es decir, el proceso en el que el ser humano,
desde que es niño o niña, se culturiza. Este proceso es parte de la
cultura, y como la cultura cambia constantemente, también lo hacen la
forma y los medios con los que se culturaliza.
- Aculturación:
se da normalmente en momento de conquista o de invasión. Es normalmente de
manera forzosa e impuesta, como la conquista de América, la invasión de
Iraq. Ejemplos de resultados de este fenómeno: comida (potaje, pozole),
huipil. El fenómeno contrario recibe el nombre de deculturación, y
consiste en la pérdida de características culturales propias a causa de la
incorporación de otras foráneas.
- Transculturación:
La transculturación es un fenómeno que ocurre cuando un grupo social
recibe y adopta las formas culturales que provienen de otro grupo.
- Inculturación:
se da cuando la persona se integra a otras culturas las acepta y dialoga
con la gente de esa determinada cultura.
La cultura esta basada en todos
nosotros
Cultura en
animales no homo sapiens
Algunos autores afirman que los
animales de otras especies actúan por instinto y conductas no variables, por lo
cual no podemos hablar de conductas culturales fuera de la especie animal homo
sapiens.
Por el contrario, otros autores
afirman que existen animales de otras especies que también tienen conductas
culturales:
«La cultura no es un fenómeno exclusivamente humano,
sino que está bien documentada en muchas especies de animales superiores no
humanos. Y el criterio para decidir hasta qué punto cierta pauta de
comportamiento es natural o cultural no tiene nada que ver con el nivel de
complejidad o de importancia de dicha conducta, sino sólo con el modo como se
trasmite la información pertinente a su ejecución. […] Los chimpancés son
animales muy culturales. Aprenden a distinguir cientos de plantas y sustancias,
y a conocer sus funciones alimentarias y astringentes. Así logran alimentarse y
contrarrestar los efectos de los parásitos. Tienen muy poco comportamiento
instintivo o congénito. No existe una 'cultura de los chimpancés' común a la
especie. Cada grupo tiene sus propias tradiciones sociales, venatorias,
alimentarias, sexuales, instrumentales, etc. […] La cultura es tan importante
para los chimpancés, que todos los intentos de reintroducir en la selva a los
chimpancés criados en cautividad fracasan lamentablemente. Los chimpancés no
sobreviven. Les falta la cultura. No saben qué comer, cómo actuar, cómo
interaccionar con los chimpancés silvestres, que los atacan y matan. Ni
siquiera saben cómo hacer cada noche su alto nido-cama para dormir sin peligro
en la copa de un árbol. Durante los cinco años que el pequeño chimpancé duerme
con su madre tiene unas 2.000 oportunidades de observar cómo se hace el
nido-cama. Los chimpancés hembras separados de su grupo y criados con biberón
en el zoo ni siquiera saben cómo cuidar a sus propias crías, aunque lo aprenden
si ven películas o vídeos de otros chimpancés criando.».
Fuente; Jose Mosterin “Vivan los
animales” Madrid, Edit. Debate,
1998
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