domingo, 5 de mayo de 2013

Lengua - Lenguaje - Habla: Un mundo inmenso por descubrir


Las diferentes entre lenguaje, lengua y habla son muy importantes a la hora de adentrarnos en el estudio del lenguaje y de la lingüística. Vamos a intentar dar unas definiciones básicas que nos permitan discernir unos conceptos de otros.

Podemos entender el lenguaje como la capacidad de poder establecer comunicación mediante signos, ya sean orales o escritos. De esta manera, el lenguaje presenta muchísimas manifestaciones distintas en las diversas comunidades que existen en nuestro planeta. Estas manifestaciones son lo que conocemos por lenguas o idiomas, como el español, el inglés, el francés o el alemán. No sería correcto hablar, por tanto, de “lenguaje español” o de “lenguaje francés”. Es importante saber emplear los términos con la precisión que merecen.

Por otro lado, la lengua es, como hemos dicho, un sistema de signos que los hablantes aprenden y retienen en su memoria. Es un código, que conoce cada hablante, y que utiliza cada vez que lo necesita (que suele ser muy a menudo). Este código es muy importante para el normal desarrollo de la comunicación entre las personas, pues el hecho de que todos los hablantes de una lengua lo conozcan es lo que hace que se puedan comunicar entre sí.

Y, entonces ¿qué es el habla? Es la plasmación de lo anterior, la recreación de ese modelo que conoce toda la comunidad lingüística. Es un acto singular, por el cual una persona, de forma individual y voluntaria, cifra un mensaje concreto, eligiendo para ello el código, los signos y las reglas que necesita. Dicho de otra manera, es el acto por el cual el hablante, ya sea a través de la fonación (emisión de sonidos) o de la escritura, utiliza la lengua para establecer un acto de comunicación.

Entre la lengua y el habla se establece una especie de estrato intermedio que los lingüistas entienden como norma. La norma es lo que nos impide emplear algunas formas lingüísticas que, ateniéndonos a la lógica de la lengua, podrían ser correctas. Ocurre cuando un niño dice “ande”, en lugar de “anduve”, de la misma manera que diría jugué, miré o canté. Este tipo de normas tiene origen histórico y, así consideradas, no constituyen ninguna irregularidad. La norma impone desvíos en determinados aspectos de la lengua que todos aceptamos, pero el hablante no tiene por qué conocerlos en un principio y por eso es tan común que, entre los que están aprendiendo, surjan este tipo de errores.

La lengua como sistema de signos

Entendemos por sistema un “conjunto de cosas que dependen unas de otras”, simplemente. La concepción tradicional del lenguaje era atomista, y pensaba que el número de signos del lenguaje estaba indefinidamente abierto: podían aparecer unos y desaparecer otros, sin que eso afectara a la lengua como tal. A lo sumo, y porque los mismos hechos imponían la evidencia, se describían como pequeños subsistemas las formas verbales, ciertas series de pronombres, como los personales, los posesivos y los demostrativos, bien organizados, con un número fijo de formas que no puede alterarse. Pero no se caía en la cuenta de que todas las zonas de la lengua estaban igualmente estructuradas en subsistemas que, juntos, constituían un sistema total. Y así, al llegar a hablar de los pronombres indefinidos, por ejemplo, las gramáticas enumeraban unas cuantas formas –algo, alguien, cualquiera, alguno…- y añadían un “etcétera”, como si se tratara de una clase abierta de palabras sin límites precisos.

He aquí la genialidad de Ferdinand Saussure, que consistió en señalar que toda la lengua constituye un sistema –es decir, un conjunto de signos relacionados entre sí-, y que los signos son interdependientes. Presentó su idea de un modo intuitivo: los elementos lingüísticos mantienen un equilibrio parecido al que guardan las piezas del ajedrez en un momento de una partida –esto es, en una “sincronía”-. Si se cambia el lugar de una pieza, este equilibrio se altera y se pasa a un sistema totalmente diferente. Así pues, podemos enunciarlo de la siguiente manera: “cada movimiento diacrónico da origen a una sincronía nueva, en la que el conjunto de las piezas que componen el sistema mantienen un equilibro interdependiente, pero distinto del que guardaban en el estado anterior.

La interrelación sistemática que existe entre todos los elementos de la lengua se produce por el hecho de que cada uno de ellos posee un valor que los opone a los demás signos. Así, por ejemplo, la calificación de notable sólo tiene sentido por su situación en el subsistema léxico de las calificaciones, que la agrupa entre aprobado y sobresaliente. El “valor” de cada signo no es, pues, algo que resida en sí mismo, sino en lo que lo opone a los demás, y así lo diferencia. El sistema lingüístico queda estructurado merced a las oposiciones que mantienen los signos entre sí.

Los Signos
Cuando queremos analizar los elementos que intervienen en el acto comunicativo, solemos definir el código como el conjunto de signos y reglas de combinación que nos permiten construir nuestros mensajes.

Pero si hemos de comprender profundamente los entresijos de la comunicación, no podemos dejar de lado lo que la semiótica nos enseña. Y la semiótica, en efecto, se ha ocupado largamente de lidiar con estos problemas, de forma que si queremos buscar una definición de signo que nos sea útil, lo mejor que podemos hacer es acudir a ella. La semiótica define el signo como cualquier elemento portador de significado; tanto el olor a tierra mojada como una nube de humo, el ruido producido por una ambulancia con la sirena encendida, el grito de una persona al decir “fuego”, etcétera. Todo ello son signos que, por nuestro conocimiento tanto de la lengua como de los diferentes contextos comunicativos, somos capaces de entender.

Podemos distinguir además entre tres tipos de signos, atendiendo a la relación que se establece entre el signo y su significado:

*      El indicio es un tipo de signo que se base en el establecimiento de una relación natural de causa-efecto entre dos fenómenos determinados. Por ejemplo, ver una nube de humo o escuchar un coche de bomberos, nos inducen a pensar que se ha producido un incendio. La nube y el ruido son, pues, indicios de incendio.

*      El icono en cambio se caracteriza por la relación de semejanza que establece entre el signo y la realidad que éste representa. Por ejemplo, el mapa de una ciudad es un icono porque reproduce, con mayor o menor precisión, la realidad que intenta representar. Lo mismo ocurriría con el retrato de una persona, o con el dibujo de un paisaje.

*      El símbolo aparece cuando la relación entre el signo y la realidad representada es arbitraria, es decir, no existe una relación natural entre una cosa y la otra. De forma que si entendemos lo que con el símbolo quiere decirse es sólo porque existe un acuerdo, entre los miembros de una determinada comunidad, para entenderlo así. Las banderas de los países representan a los mismos solamente porque queremos que sea así, porque lo hemos acordado. Sabemos que una cruz roja sobre un edificio indica que allí se dispensan cuidados médicos, o que si en mitad de una batalla un contendiente saca a ondear la bandera blanca es porque quiere rendirse. Pero lo sabemos porque lo hemos aprendido; no porque esas imágenes porten esos significados de forma natural.

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